Todo se lí­a

Una cosa es sostener algo y otra, demostrarlo. Por ejemplo, una cosa es decir que la música country es deprimente y otra realizar un estudio práctico sobre Los efectos de la música country en el suicidio, como hicieron Steven Stack y James Gundlach a principios de siglo. Ambos cosecharon insultos e incluso amenazas de muerte por aficionados al banjo pero su persistencia se vio recompensada con el premio IgNobel de medicina de 2004.

Los premios IgNobel se crearon en 1991 por una revista de humor cientí­fico y, al principio, eran unos antinobel. En su primera edición, el premio de la paz se lo llevó el padre de la bomba de hidrógeno y, el de economí­a, el inventor de los bonos-basura, que habí­a llevado al sistema financiero a otro lí­o considerable. Los IgNobel fueron dejando las ironí­as para destacar investigaciones cientí­ficas que fueran especialmente absurdas. Por ejempo, en 1995, el de fí­sica fue a parar a Georget, Parker y Smith, del Institute of Food Research de Norwich, por su estudio sobre los efectos del contenido en agua sobre el comportamiento de compactación de los copos de cereales para el desayuno y, en 2003, Moeliker, del Natuurmuseum de Rotterdam, ganó el de biologí­a por documentar el primer caso de necrofilia homosexual en el ánade real. 

Este año, los premios han estado marcados por la crisis, aunque no lo parezca. Zampini y Spencer ganaron el de nutrición por demostrar que la comida sabe mejor si es crujiente, la base de la actuación de los bancos, comprando productos sin garantí­as pero muy sabrosos. Ariely se llevó el de medicina por un estudio práctico cuya conclusión es que la medicina falsa y cara funciona mejor que la falsa y barata, algo que parece inspirar todos los planes de rescate gubernamentales. Y el más interesante, el de fí­sica, que se fue a Raymer y Smith, por probar que cualquier montón de hilos, cuerdas o pelos acaba por enredarse. Por fin, alguien que nos demuestra que, al final, todo se lí­a. (Publicado el 16 de octubre de 2008)

PD: Cada año, en la Rosa de los vientos, se habla de estos premios y de los Darwin, que tienen un humor aún más negro. El próximo lunes, hace un año que se fue Juan Antonio Cebrián.

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