El personaje del conflicto lingí¼í­stico no funciona en su adaptación cinematográfica

Las adaptaciones literarias son un problema; cuando el personaje de papel se hace real, no suele ser lo que todo el mundo habí­a imaginado mientras leí­a.

Miguel Noguer publica la siguiente información en El Paí­s.

Unas 4.000 personas se han manifestado este mediodí­a en Barcelona en contra la inmersión en catalán en la escuela. El acto estaba convocado por Ciutadans-Partido de la Ciudadaní­a, una quincena de organizaciones y en el último momento también se ha sumado el partido popular. Con todo, la manifestación no ha logrado llenar la plaza de Sant Jaume, con un aforo de 6.000 personas según la Guardia Urbana.

El personaje del conflicto lingí¼í­stico funcionaba bien sobre el papel; la serie que esta haciendo El Mundo sobre ví­ctimas de la inmersión lingí¼í­stica engancha porque tiene el dramatismo que Lenin le pedí­a a la agitación:

En cambio, el agitador, al hablar de esta misma cuestión, tomará un ejemplo, el más conocido y más destacado de su auditorio -pongamos por caso, el de una familia de parados muerta de inanición, el aumento de la miseria, etc.- y, aprovechando este hecho conocido de todos y cada uno, dirigirá todos sus esfuerzos a inculcar a las “masas” una sola idea: la idea de lo absurdo de la contradicción entre el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la indignación contra esta flagrante injusticia, dejando al propagandista la explicación completa de esta contradicción. Por eso, el propagandista procede, principalmente, por medio de la palabra impresa, mientras que el agitador actúa de viva voz. (Qué hacer, Lenin)

El problema ha llegado en la adaptación a la pantalla del relato literario; las escenas de masas, tan bien descritas sobre el papel (hay una mayorí­a, la mayor parte de la gente piensa, hay un malestar muy extendido), no han lucido y el conjunto ha quedado muy deslavazado. En Madrid, donde sólo se ha visto un trailer, se dirá que la adaptación callejera del ficticio conflicto ha fracasado por la presión social y, en la Cope, se hablará directamente de miedo; “el mismo miedo que hay en el Paí­s vasco”, seguro que dice alguien. Ay, la conspiración. Miguel Noguer tiene un final del primer párrafo muy divertido:

A la misma hora, cerca de 350.000 personas han seguido en directo un festival de acrobacias aéreas en la zona del Fí²rum.

¿Quién aprobó ese festival para boicotear la manifestación?

PD: A la convocatoria de dos partidos y 15 entidades acuden 4.000 personas, lo que da una una media de 235 manifestantes por sigla. Es el problema de las organizaciones tipo espí­ritu de Ermua, es decir, unipersonales.

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