Adelanto de la programación del Teatro del Canal bajo la dirección de Albert Boadella

El poder más restringido y cercano suele ser el más opresor, por ello se hace imprescindible ampararse en la tradición liberadora del humor, la sátira y el sarcasmo a fin de compensar la prepotencia. Si Ubú President(a) consigue cumplir esta función terapéutica, no duden que aceptaremos con satisfacción las contrapartidas que de la juerga pudieran derivarse. La misma satisfacción que durante 34 años nos ha hecho generar risas sobre dictadores, generales, obispos, presidentes y toda clase de pesados en general que no han conseguido parar nuestro juego.  

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Programa de mano de Ubú President, estrenada el 18 de octubre de 1995 en el Teatro Municipal de Girona.

La tradición perdida

..Más os valdrí­a
un mal epitafio
después de la muerte
que los maliciosos
epí­tetos de los comediantes
durante vuestra vida…
(Hamlet a Polonio).  

En el año 1981 Operación Ubú era recibida como un fenómeno excepcional dentro del moderado panorama teatral de aquellos tiempos. Posiblemente los ingredientes de sátira polí­tica directa, así­ como el sarcasmo implacable sobre las megalomaní­as de nuestros dirigentes, encendieron las opiniones adversas de quienes creí­an que la joven democracia y el floreciente nacionalismo no debí­an ser materia de farsa. Quince años después esta excepcionalidad sigue vigente, y no sólo por el entorno polí­tico-social, sino porque de nuestros escenarios ha desaparecido todo rastro de parodias, sátiras o comedias basadas en el poder real, próximo y contemporáneo. Sorprende cómo un acto higiénico tan esencial a lo largo de la historia del teatro desaparezca, sin más, de nuestra escena, dedicada hoy, fundamentalmente, al humor blanco, el musical y la metafí­sica.

El pasado está repleto de conflictos entre comediantes y distintos poderes. Es obvio que las contrapartidas que comportaba incomodar a reyes, presidentes, obispos o generales eran bastante más graves de lo que hoy supondrí­a una acción parecida. Hay que buscar, entonces, razones más complejas para justificar la extinción de un género indiscutiblemente catártico para el público.

Los elevados costes de las producciones actuales, tan alejados del carromato farandulero, pueden ser uno de los motivos esenciales para no incomodar ni a las administraciones ni a hipotéticos sectores de público, ello serí­a buscar más riesgos de los necesarios, exponiéndose a una catastrófica ruina, que es hoy el auténtico fracaso. Me refiero aquí­ exclusivamente al teatro privado, ya que el institucional, obviamente, no merece un solo comentario sobre estas aventuras de libertad. Precisamente en la pérdida del género, algo tiene que ver el perverso proteccionismo de las administraciones públicas.

Este Ubú President es una remodelación de aquella Operación Ubú estrenada en el Lliure. Los cambios han sido obligados por el paso del tiempo, pero sobre todo, porque el Ubú-Excels penetra diariamente en nuestra intimidad y, amparado por su cargo, reprende, aconseja, amenaza, moraliza y pontifica a todo un pueblo de “seny” (sensatez). En una palabra; nos explica cómo tenemos que orinar los catalanes.

Pero que nadie se confí­e. Los Excelsos están por todas partes. No son exclusiva de ningún paí­s. Para Alfred Jarry, creador del personaje en 1896, Ubú era su propio maestro. El poder más restringido y cercano suele ser el más opresor, por ello se hace imprescindible ampararse en la tradición liberadora del humor, la sátira y el sarcasmo a fin de compensar la prepotencia. Si Ubú President consigue cumplir esta función terapéutica, no duden que aceptaremos con satisfacción las contrapartidas que de la juerga pudieran derivarse. La misma satisfacción que durante 34 años nos ha hecho generar risas sobre dictadores, generales, obispos, presidentes y toda clase de pesados en general que no han conseguido parar nuestro juego.

Albert Boadella

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