Causa y efecto

Necesitamos explicarnos las cosas, que todo tenga un orden, que haya una lí­nea con causas, efectos que sean de nuevo causas de nuevos efectos. Da igual que sea mentira si es coherente. Lo más importante es poder echar la culpa a otro, la familia, amigos, las circunstancias o, incluso, el ‘yo’ más joven.

Esta semana pudimos leer:

“Si no hubiera jugado tanto con la “Play”, esto no habrí­a ocurrido”

(..)

“Si no hubiera estado jugando durante tantas horas a la Playstation, nada de esto hubiera ocurrido”. Así­ argumentó ayer Luigi D.G., de 19 años, los motivos que le llevaron a golpear hasta la muerte al hijo de su novia de 11 meses, porque éste tocó un botón del mando de la videoconsola que le hizo perder la partida de un juego de violencia extrema, que llevaba dí­as y noches intentando ganar.

El tipo, claro, se autojustifica y echa la culpa a ‘otro’. Lo preocupante es que, siguiendo una actitud que se está convirtiendo en rutina, la prensa asume la explicación de este tarado. Y se puede leer: Mató a su hijastro porque perdió un juego de la play. (Menos mal que hoy leemos que un psiquiatra dice que no es verdad)

Hace algunos meses, sucedió algo parecido. Un tipo mató a su hija de dos años. La primera versión sostení­a que el tipo habí­a enloquecido cuando la niña lo interrumpió haciendo el amor con su mujer pero cuajó mejor la segunda explicación: el estrés provocado por el trabajo.

La play o el estrés o lo que sea. Hace falta algo, un ‘otro’, una causa entendible que haga aparententemente controlable la situación porque la cuestión es ocultar que la vida es una cosa imprevista llena de cosas buenas y malas, de situaciones placenteras y peligrosas y querer controlarla es absurdo en tanto que imposible.

PD: Los niños no saben esperar, hay que enseñarlos; los niños no saben obedecer, hay que enseñarlos. De hecho, lo normal es que si a un niño se le dice que no toque el botón rojo, dirigirá su atención al botón rojo y no parará hasta lo toque. Y menos mal. Ese impulso de tocar el botón prohibido es una de las razones de que no vivamos aún en cuevas.

Deje un comentario