El señor gordo II

Este es el texto sobre polí­tica más interesante que he leí­do últimamente. Lo escribe Santi Giménez, ex compañero de Sport en su blog de adn. ¿Por qué perdió Aznar (Rajoy) las elecciones de 2004? ”En medio de la tempestad, él sigue actuando igual, como si en vez de estar doblando el Cabo de Hornos, estuviera en un pedalo de Sitges”. ¿Por qué Zapatero estuvo a punto de perder las de 2008? “considera que no debe de rebajarse a explicar a la gente su proyecto, porque para eso ya tiene a expertos en PowerPoint que, por cierto, viven en la misma burbuja de cristal que él”. Por cierto, Laporta perdió la moción. No por tanto como para tener que dejar de ser presidente pero, ay, es prisionero del pasado porque él también puso otra.

Laporta no ha entendido nada 

Desde que el señor gordo de Llavaneres anunció su intención de recoger firmas para promover un voto de censura contra Joan Laporta y su junta, los sucesos se han ido precipitando a favor de los que querí­an enviar a Laporta a su casa.

Primero, como ya explicamos, con dos azafatas y una fotocopiadora consiguieron alcanzar  9.724 firmas, mientras que desde la junta, con el tono tradicional de sobradillo de Esade, aseguraban que o no las conseguirí­an o que si las conseguí­an serí­an falsas. Tras forzar la convocatoria del voto de censura, Giralt y los suyos sobrevivieron al papel de mediador de David Moner, que es como sobrevivir al 11-S en las Torres Gemelas y el domingo, los socios están llamados a las urnas.

Por mi parte, lo único que he sacado en claro es que Laporta y los suyos no han entendido nada de lo que ha pasado y se plantean la cita del domingo con el mismo ánimo con el que acogieron el anuncio que hizo Giralt en su dí­a. Esto es, como una campaña de destrucción personal por parte de unos envidiosos que querrí­an ser tan altos como ellos.

Laporta no se entera de que esta moción de censura se la han puesto por chulo, no por su gestión. La hoja de servicios de Laporta al frente del Barcelona le acredita sobradamente para seguir en el cargo, pero le pierde la manera de ejercerlo. Por eso le han puesto una moción de censura. Pero en medio de la tempestad, él sigue actuando igual, como si en vez de estar doblando el Cabo de Hornos, estuviera en un pedalo de Sitges.

El presidente sigue sin darse por enterado de que es una persona que transmite una imagen arrogante e inestable. Que evita a los medios de comunicación para dar entrevistas sólo a TV3; que descalifica a sus rivales sin desgranar motivos; que un dí­a grita Visca Catalunya Lliure y que al siguiente se va a ver el partido de España y que considera que no debe de rebajarse a explicar a la gente su proyecto, porque para eso ya tiene a expertos en PowerPoint que, por cierto, viven en la misma burbuja de cristal que él.

Por todo eso, creo que esta moción no ha servido de nada, porque Laporta sigue creyéndose el mejor invento de la humanidad, con permiso de los caramelos sugus, y seguirá actuando de la misma manera y ha organizado una cosa seria como el voto de censura como quien organiza una Fiesta Mayor. Todaví­a ve con fabulaciones y conspiraciones en su contra cuando la realidad es que es un tipo que crea repelús en mucha gente por su manera de actuar.

Probablemente, la ojeriza que le están tomando muchas personas es injusta. Tan injusta como la popularidad de la que disfrutó hace dos años cuando parecí­a que no se equivocaba nunca.

Bueno, es cierto que las crónicas del maestro Juliana sobre el congreso del PSOE (Romance de lobos, El giro Ikea y Las pí­ldoras del dr. Negrí­n) son sensacionales pero soy un poco redundante. Está inmenso.

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