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El Ministerio de Igualdad está encontrando su lugar en la provocación. Sus propuestas coagulan el desprecio desmedido de la oposición (interna y externa) provocando un efecto de cohesión de género (una comunidad de semejanza o de ocasión) cuya base no son las propuestas, sino la desmesura del desprecio. La propuesta de una biblioteca para mujeres ha vuelto a tener la misma respuesta rápida y el senador del PP que preguntó por ella incluyó en su pregunta tí­tulos como La dama boba o La ilustre fregona (¿no sabe lo que ha pasado en su partido?).

Es una propuesta posmoderna, como todas las que pueden salir de un ministerio posmoderno que gestiona un concepto. Desde los años 50, los estudios culturales investigaron las relaciones entre ideologí­a, raza, clase social, tecnologí­a y género y lo cuestionaron todo; a veces, con sentido y, a veces, con desmesura. Cuestionaron, por ejemplo, la división territorial-cultural que se impuso en las humanidades durante el siglo XIX. Para construir el estado-nación se estudiaba historia, literatura o geografí­a del territorio administrado. Son criterios que la sociologí­a del conocimiento llama estructuras de relevancia que configuran la esfera pública. En España, tal cosa ha sido reproducida en la descentralización y todas autonomí­as estudian su propia geografí­a y las históricas, su propia historia y literatura.

Los estudios culturales propusieron cambiar las estructuras de relevancia y estudiar, por ejemplo, por raza o género u orientación sexual, como, más o menos, hace la teorí­a queer. ¿Nunca han visto una pelí­cula americana en la que se estudia historia o literatura afroamericana? El ministerio propone un cambio en las estructuras de relevancia. La posmodernidad se pregunta, ¿si hay una biblioteca nacional (española, catalana o vasca) por qué no una fenenina? Estudiar literatura femenina es igual de limitado que estudiar literatura española, como estudiar literatura catalana es igual de limitado que estudiar literatura española; ¿por qué no estudiar literatura? Porque estamos en la sociedad de consumo y el consumo personaliza.

PD: El efecto Niskanen: toda estructura burocrática tiende a autojustificarse, ampliando -o creando- sus ámbitos de actuación no tanto como respuesta a nuevas demandas de servicios como a la propia exigencia de protagonismo en la vida pública y de poder económico derivado de sus asignaciones presupuestarias).

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