Precio II

Aquí­ tenemos un ejemplo claro de firmeza ante el chantaje de un luchador por la libertad:

El 22 de octubre de 1979 el Sah Mohammad Reza Pahlevi, monarca de iraní­, viajó a Nueva York para ser sometido a un tratamiento contra el cáncer. El 1 de noviembre el nuevo lí­der de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, lanzó a su pueblo a manifestarse contra intereses de Estados Unidos e Israel. El 4 de noviembre la embajada estadounidense fue rodeada por un grupo de alrededor de 500 estudiantes iraní­es (aunque los números varí­an entre 300 y 2000) que se dieron a conocer como los Discí­pulos del Imán. Parte de este grupo islamista se juntó alrededor de la embajada a modo de protesta.

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El presidente estadounidense, Jimmy Carter, inmediatamente aplicó presión económica y diplomática sobre Irán: las importaciones de petróleo de Irán se cortaron el 12 de noviembre, de 1979, algunos iraní­es en EE.UU. fueron expulsados (aunque muchos de ellos no tení­an ninguna relación con la crisis o con el nuevo gobierno iraní­), y alrededor de 8 mil millones de dólares en activos iraní­es en EE.UU. se congelaron el 14 de noviembre de 1979.

En febrero de 1980, el gobierno iraní­ hizo públicas sus demandas a cambio de la liberación de los rehenes. Exigí­an la vuelta del antiguo Sah a Irán, aparte de algunos gestos diplomáticos como el reconocimiendo de las acciones que EE.UU. habí­a tomado en Irán (incluyendo el golpe de estado apoyado por EE.UU. contra el primer ministro Iraní­ en 1953) y la promesa de no volver a interferir en el futuro.

Carter rehusó ceder a las demandas. Jomeini utilizó la situación para consolidar su poder y anular los desafí­os del ala moderada de su gobierno, encabezada por su presidente. La euforia por la humillación a la nación más poderosa distrajo al pueblo iraní­ de las dificultades económicas de su paí­s. Carter, en abril de 1980, rompió relaciones diplomáticas con Irán e impuso un embargo comercial, exceptuando medicinas y alimentos. Los fondos iraní­es en EE.UU. quedaban congelados y contabilizados para indemnizar a los rehenes al ser liberados y pagar las demandas de las empresas estadounidenses contra Irán. Un problema de relaciones internacionales se convirtió en un problema electoral. Su principal contrincante, el republicano Ronald Reagan, acusaba a Carter de “estar equivocado desde el principio”. Reagan declaró: “Los rehenes no debieron estar cautivos seis dí­as, mucho menos seis meses.”

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En 1980, la muerte del Sah (el 27 de julio) y la invasión de Irán por parte de Iraq en septiembre hizo a Irán más propenso a la resolución de la crisis de los rehenes.

En EE.UU., Carter perdió en noviembre de 1980 la reelección presidencial en beneficio de Ronald Reagan. La mayor parte de los analistas creen que los errores de Carter al intentar solucionar la crisis desempeñaron un papel importante en su derrota (desde entonces se llama sorpresa de octubre al problema que aparece en el último momento de la campaña).

La Cámara de Representantes estadounidense dirigió un mensaje a Irán instándole a reconsiderar el problema de los rehenes. El Parlamento contestó que EE.UU. debí­a asumir las responsabilidades financieras y económicas derivadas de las acciones de Mohammad Reza Pahlevi: devolución de los fondos del Sah, cancelación de las demandas contra Irán, descongelamiento de los cuantiosos fondos iraní­es en bancos estadounidenses y la promesa de no intervenir en los asuntos internos iraní­es. Ronald Reagan, el candidato presidencial republicano, aseguró que aceptarí­a tres de esas condiciones y dejarí­a la decisión sobre los fondos a nombre del Sah en manos de los tribunales.

Es decir, que habí­a que desgastar al Gobierno hasta ganar las elecciones y, después, hacer lo que tanto se habí­a criticado siendo oposición.

Peticiones a Carter:

  • Vuelta del antiguo Sah a Irán
  • Gestos diplomáticos como el reconocimiendo de las acciones que EE.UU. habí­a tomado en Irán (incluyendo el golpe de estado apoyado por EE.UU. contra el primer ministro Iraní­ en 1953)
  • Promesa de no volver a interferir en el futuro 

Carter dijo no a todo.

Peticiones a Reagan:

  • Asumir las responsabilidades financieras y económicas derivadas de las acciones de Mohammad Reza Pahlevi: devolución de los fondos del Sah
  • Cancelación de las demandas contra Irán
  • Descongelamiento de los cuantiosos fondos iraní­es en bancos estadounidenses
  • Promesa de no intervenir en los asuntos internos iraní­es

Si a las tres últimas y la primera, quizá.

Lo más curioso de todo es que, si vd. hace una encuesta a la hora del café, le dirán que Carter era un blando y Reagan un duro, pese a que no fue la única vez que cedió ante los secuestros.

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