¿Qué coño quieren? II

Los nuevos partidos, UPD y C’s, quieren que los nacionalistas no tengan poder de decisión. Es extraordinario que esta frase sea aceptada por todo el mundo de una forma tan natural como por la tarde refresca o Alonso necesita otra suspensión. Dos partidos se presentan a las elecciones con la intención de modificar el sistema electoral para excluir de la vida polí­tica a un 10% de la población. Los partidos nacionalistas, como los no nacionalistas, tienen el poder de decisión que les da la ciudadaní­a y no imponen nada, sino que, mediante los procedimientos acordados, confeccionan y desarrollan leyes que, si alguien no está de acuerdo, puede recurrir ante los órganos pertinentes o presentar un proyecto alternativo.

Obstaculizar.- Hay paí­ses con normas para dificultar la presencia de partidos minoritarios y territoriales como la obligación de presentarse en todas las circunscripciones (y conseguir un mí­nimo en todas ellas) o como la elevación del suelo electoral; en Turquí­a es del 10% a nivel nacional para los partidos. Sin embargo, la experiencia de todos esos paí­ses, demuestra que es muy complicado poner coto a la voluntad ciudadana. En Turquí­a, por ejemplo, los kurdos se presentan como independientes, que no necesitan suelo, y terminan formando grupo polí­tico en el parlamento. En el caso de que el sistema electoral español obligara a los partidos a presentar candidaturas en todas las circunscripciones, no me cabe la menor duda de que todos los partidos nacionalistas lograrí­an hacerlo y, si existiera un suelo nacional o en cada circunscripción, también lo conseguirí­an mediante pactos y coaliciones. En último caso, tenderí­amos a un Partido Demócrata en el que se unirí­an el centro, el centro-izquierda, la izquierda y los territoriales. Es extraño que dos partidos minoritarios defiendan sistemas que les impedirí­an asomar la cabeza.

Sistemas presidencialistas.- Para evitar el poder de decisión de los nacionalistas, una de las propuestas más repetidas es la elección directa del Presidente. El problema, como se ha visto en la primera parte, es que el sistema español es parlamentario y se elige un legislativo que, después, vota al jefe del ejecutivo. ¿Qué se propone exactamente?, ¿dos elecciones?, ¿la elección directa del jefe del ejecutivo separada del legislativo? No tengo claro que tal cosa evitara el problema, o lo que UPD y C’s ven como problema, porque, aunque los partidos territoriales no puedan influir en la elección del presidente del Gobierno, sí­ lo harí­an en la confección de las leyes. Quizá se quiere suprimir el legislativo, cosa bastante inconstitucional y menos pragmática de lo que parece, o hacer que el parlamento también tenga una elección mayoritaria.

Sistemas uninominales mayoritarios.- Es el algosajón, para entendernos. Cada circunscripción elige sólo a un diputado (en inglés, first-past-the-post) y, con este sistema se configura el parlamento que, después, vota al jefe del ejecutivo. En otras ocasiones, el jefe del ejecutivo se elige en otra elección y este sistema se emplea para configurar el legislativo. Esta opción tampoco garantiza que los partidos territoriales se queden fuera porque el candidato del PNV puede ganar en el distrito electoral del Duranguesado o el de CiU, en Pallars Jussí . Este sistema sí­ arreglarí­a uno de los problemas, problema buscado, que actualmente tenemos: la escasa vinculación de los candidatos con la circunscripción. Un politólogo dirí­a, ¿es que usted no lee? En España, la cámara territorial es el Senado y, en el Congreso, los diputados no representan a su circunscripción, sino a la nación. Vale, vale, responderí­a, pero la realidad es la realidad y esta circunstancia permite que los partidos territoriales se atribuyan, demagógicamente, la voz de su circunscripción.

Trasladar el sistema anglosajón, dividiendo España en 350 distritos electorales, es posible que frenara el nacimiento de otros partidos territoriales en comunidades que no los tení­an antes de 1977, como el PRC cántabro, UPL y TC, entre otros, en Castilla y León, la Chunta, Coalición Canaria y otros, poco importantes a nivel estatal pero cada vez más presentes en la autonómicas y Municipales. Sin embargo, es posible que esta nueva situación, muy positiva democráticamente al ajustar el ví­nculo representante-representado, pusiera aún más de los nervios a los dirigentes de UDP y C’s, ya que el Gobierno tendrí­a que sacar las Leyes, como sucede en los paí­ses algosajones, sobre todo en EEUU, pactando con los diferentes grupos regionales transversales ideológicamente. La polí­tica del agua reunirí­a a los levantinos y la pesca a los cantábricos, por ejemplo. ¿Y quién pensarí­a en España?, pregunta una voz. ¿España es, acaso, obra de Santo Tomás, es el todo sin las partes?. respondo.    

Sistemas partidistas mayoritarios.- Son como los anteriores pero la circunscripción es más grande y, por lo tanto, elige más candidatos. La lista que saca la mayorí­a, habitualmente confeccionada por un partido polí­tico, se lo lleva todo. Tampoco garantiza que los territoriales no tengan decisión porque el PNV puede ganar en la circunscripción del Paí­s Vasco o CiU en Catalunya. Y llevarse todos los diputados.

Sistemas de colegio electoral.- Como todos vemos cine yanqui, una de las referencias más usadas es Estados Unidos. Dos partidos nacionales hacia la presidencia de la nación. La primera parte de la frase es falsa porque, en EEUU, los partidos no tienen continuidad, como en Europa, sino que existen en tanto que hay un candidato y unas elecciones. Es la banda que hace el playback. La segunda parte de la frase tampoco es cierta. El próximo mes de noviembre, no se elige directamente al jefe del ejecutivo, sino un colegio de electores que, reunido una sola vez, es el que vota Presidente y Vicepresidente. Deberí­an votar al suyo pero no siempre es así­, como puede verse aquí­, y, además, un tercer partido puede ganar en un estado y tomar partido en la elección, como el Partido Independiente Americano de Wallace. Ay, que no es tan perfecto como parece. 

¿Tiene solución el problema de UPD y C’s? Es posible que el sistema que más se acerque a lo que quieren es uno en el que sólo queden PP y PSOE; es decir, una circunscripción única con un suelo electoral de, por ejemplo, el 30%. Serí­a un sistema a medida; democracia orgánica, vamos, aunque estarí­a por ver si PP y PSOE no acaban llegando a acuerdos con los partidos territoriales para ampliar su voto. De nuevo, el problema es interno. España tiene un problema de vertebración en el que los partidos territoriales no son causa, sino consecuencia. UDP y C’s, como muchas voces transversales, sostienen que lo que pasa en España es insólito y no sucede en ningún otro lugar. ¿El qué?, pregunto. El chantaje de los grupos nacionalistas que no creen en el Estado, responden.

La palabra chantaje no existe en polí­tica. Hay negociación, pacto, consenso o acuerdo pero chantaje es una palabra muy fea. ¿Sólo en España? Cualquiera que se acerque a la polí­tica estadounidense, a través del Ala Oeste, por ejemplo, puede ver que hay no hay un CiU, sino 100 en el Senado y 435 en la Cámara de Representantes. Un grupo de senadores sureños dicen a la Casa Blanca: apoyaremos la Ley de Salud si se mantienen las ayudas a los pescadores, se establece una partida para las escuelas de los barrios negros y se mantienen los aranceles a los textiles asiáticos. Vale, dice Josh, pero tendremos que establecer un calendario para lo de los aranceles para que no vuelvan a Pearl Harbour. ¿No creen en el Estado? ¿España es, insisto, es acaso obra de Santo Tomás, es el todo sin las partes?

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