¿Qué coño quieren? I

Varios partidos se presentan a las elecciones con la intención de modificar el sistema electoral, IU, UPD, C’s y PP. Izquierda Unida, el más perjudicado por el sistema actual, quiere que éste sea algo más proporcional pero, con realismo, no pide un sistema proporcional puro en una circunscripción única ni la retirada de la Ley D’hont, que no es el único sistema para la asignación de escaños en los proporcionales, sino algún cambio menor como la ampliación del número de diputados o la creación de un colegio de restos. UPD y C’s quieren que los nacionalistas no decidan quién gobierna, sin especificar nada más, mientras que el PP busca, sin mucho entusiasmo, una solución para su aislacionismo, problema que les cierra cada vez más puertas. Salvo, IU, el resto especifican sólo qué quieren, un deseo más que un objetivo, pero no cómo lo van a hacer; es decir, qué sistema de los que hay por el mundo van a implantar y qué consecuencias podrí­a tener dentro del sistema polí­tico español. Deseadas y no.

Lo que pide el PP: elección directa de los alcaldes para evitar los pactos postelectorales que, según este partido, no respetan la elección de los ciudadanos. Por ejemplo, el PP es oposición en Vigo o Ourense siendo la fuerza más votada porque se mostró incapaz de articular pactos de gobierno. En lugar de provocar un cuestionamiento interno de su polí­tica, el PP echó la culpa al sistema electoral vigente desde 1977 y pidió la elección directa de los alcaldes o la implantación de la segunda vuelta pero sin dar más detalles.

Elección directa.- El sistema español es parlamentario; es decir, se vota la composición de un legislativo que, a su vez, elige al presidente del ejecutivo que, posteriormente, designa la composición de éste. El 9M vamos a elegir unos diputados que, después, votarán al presidente del gobierno que no tiene ser obigatoriamente el cabeza de lista por Madrid. En los sistemas de elección directa, como el estadounidense (siempre con matices), hay un nombre para un cargo. El PP propuso este sistema, entre otros, para la elección de alcaldes sin tener en cuenta la cohabitación, es decir, que el alcalde elegido con un 40% puede tener que enfrentarse a un legislativo que no controla. Justamente para evitar esta situación de conflicto, de mala solución porque el español siempre llega con su espada donde no alcanza con su palabra, se optó en la Transición porque el ejecutivo emanara del legislativo. Una solución para el PP podrí­a ser que, en los ayuntamientos, desapareciera el legislativo pero no está claro que el Constitucional vaya a verlo claro. 

Doble vuelta.- Esta situación de cohabitación tensa se podrí­a resolver con una doble vuelta, otro de los sistemas propuestos por el PP para la elección de alcaldes. Dos partidos (suponemos que en el caso de que ninguno de ellos lograra más del 50%) pasarí­an a la segunda vuelta y sólo ellos tendrí­an representación en el consistorio, garantizando simultáneamente que el alcalde es el más votado y que tiene el apoyo del legislativo. Parece una solución correcta si no fuera porque es peligrosa y, precisamente para el PP, contraproducente. En el Paí­s Vasco y Catalunya, el sistema electoral se vertebra en torno al PS de E o de C y al derecha territorial, PNV o CiU. Para afrontar este sistema, el sistema polí­tico siempre es hijo del sistema electoral, al PS se le unirí­a el referente de IU en la comunidad y, quizá, algún partido más. En torno a PNV o CiU se estructurarí­a el resto del nacionalismo, ¿y el PP? En esas comunidades, el PP no suma, sino que resta y tendrí­a muy complicado, de nuevo, articular pactos. Es cierto que el PP es segunda fuerza en alguna ciudades como Badalona(9-7), Cornellí  (16-3), Esplugues (12-3), L’Hospitalet (17-5) o Santa Coloma (17-4) y que hay ciudades donde gobiernan pero, con el paso del tiempo y los procesos electorales, lo esperable, al tratarse de una opción que no tiene capacidad de acceder al poder, es que acabe por diluirse entre las dos principales.

¿Tiene solución el problema del PP? Sí­ pero cambiando el foco del problema; la cuestión no es la ley electoral, sino el rechazo que provoca el PP entre los votantes del resto de partidos. Este factor serí­a demoledor para esta formación si tuviéramos, como en Irlanda, un sistema de elección directa de tipo preferencial, donde los electores distribuyen sus gustos de más a menos. La solución nunca es un cambio en las reglas porque los sistemas polí­ticos son fruto de los sistemas electorales y, en el caso de que el español sufriera alguna modificación, también afectarí­a a la composición del ecosistema polí­tico. Lo más probable es que la implantación de un sistema mayoritario provocara una unión de las formaciones de centro, centro-izquierda, izquierda y territoriales en una suerte de Partido Demócrata, más lí­viano y más votable, aunque más lí­quido y menos entendible. El PP hace un análisis simple trasladando los resultados electorales de un sistema proporcional con Ley d’Hont a un sistema mayoritario. Trampas jugando al solitario.

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