Debate III (ufologí­a)

Pizarro tuvo un problema tí­pico de los ufólogos: no saber distinguir el escenario. No es lo mismo hablar del incidente de Montaña Roja, de los humanoides de Conil o del Mothman en el programa de misterio de las madrugadas que en el informativo de la mañana. Los primeros comparten el marco: saben de qué se está hablando y, aunque en diferente escala, lo dan por bueno. Los del informativo carecen de esa referencia y, lo más probable, es que el ufólogo acabe siendo tratado como un friki. Pizarro no distinguió la tertulia de la Cope del debate en una cadena generalista y usó los mismos lugares comunes: la oficina económica, los brujos visitadores, el piso de Bermejo o Mariano Rubio. El momento más divertido: ¿usted cree en la familia, señor Solbes?

PD: Si la soberbia de Solbes tuviera, por ejemplo, acento vasco, en lugar de ese susurro mediterráneo, serí­a insoportable. Ay, es que, cuando la administración nació, Solbes ya estaba allí­.

1 comentario sobre “Debate III (ufologí­a)”

  1. jorgedioni » Blog Archive » Debatón II dijo:

    […] Zapatero, con maquillaje beetlejuice, cejas Spock y contrapicado bergmariano, parecí­a un mortí­fago salido de Azkabán; jurarí­a que, en algunos momentos, habló en pársel y, por eso, el micrófono dudaba. Fue de menos a más. Comenzó con muchas paradas. Quizá, como recoge la prensa, le sorprendió el tono brusco de Rajoy o, quizá, como en los debates parlamentarios, le cuesta meterse en el partido y siempre es mejor en las réplicas. A Rajoy, con corbata virandeira y sonrisa sólo facial, le perdieron los tics, los ojos bailarines y la sonrisa pedorrera que saltaba en el peor momento. Esa mirada huidiza no hubiera aguantado un interrogatorio de Grissom. Rajoy no pagó diezmo al periodista Ramí­rez y al radiofonista Jiménez, sino la dote completa. Oiga, el precio de las patatas, primero los españoles porque los inmigrantes se cuelan, la rendición ante la ETA, el Pacto del Tinell y la agresión a las ví­ctimas. Es el sí­ndrome del ufólogo pero, quizá, con un objetivo. Como sostení­a un compañero de la Tertulia La Pepa, Rajoy no quiere ganar las elecciones, sino su propio futuro. Es posible que el tercer intento que publicaba El Paí­s del domingo sea demasiado pero una salida honrosa tras una derrota esperada es lo menos que él confí­a merecer. Ay, la derecha de Guzmán el Bueno no hace prisioneros. […]

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