Tres

Hace algunos dí­as más, mi ex compañero de facultad Toni Cruanyes publicaba en Auvi un artí­culo sobre la posibilidad de que Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York, articulara un tercer partido en las elecciones de EEUU. Con voluntad de aliño, advertí­a de sus posibilidades por buen gestor ante la desaceleración y por figura transversal ante unos candidatos demasiado radicales. Cruanyes recordaba a Perot (92 y 96) y Nader (2000). El artí­culo, sin embargo, olvidaba otra elección donde la presencia del tercer partido fue decisiva porque dio un vuelco no sólo a la presidencia, sino al sustrato electoral. Desde su fundación, por Andrew Jackson, el Partido Demócrata era el partido del Sur. Era un partido menos vinculado a las élites de la Costa Este y, sobre todo, defendí­a la autonomí­a de los estados frente al poder federal, incluso para decidir sobre la esclavitud. La Guerra, declarada por el republicano Lincoln, selló está vinculación y el Partido Demócrata mantuvo durante un siglo su monopolio del Sur. Todos los cargos eran de este partido. Si alguien querí­a entrar en polí­tica en Alabama o Mississipi, entraba en el Partido Demócrata, ya fuera liberal, conservador o simplemente ambicioso. En Washington, los demócratas del sur eran conocidos como los gorgojos y formaban casi un grupo aparte con el que los republicanos sabí­an que podí­an llegar a acuerdos. En las elecciones presidenciales, el demócrata acostumbraba a conseguir porcentajes búlgaros en estos estados y candidatos como Roosevelt llegaron a superar el 95% en algunos procesos electorales.

El crecimiento de la administración federal por el New Deal y la guerra provocó el primer cisma y Storm Thurmond se presentó en 1948 por el Partido Demócrata por los Derechos de los Estados. Doce años después, Kennedy se enfrentó al republicano Nixon y al demócrata sureño Harry F. Byrd con Thurmond como vicepresidente pero el vuelco se produjo en 1968. El apoyo de Johnson a la extensión de los derechos civiles provocó la formación del Partido Americano Independiente de George Wallace que logró nueve millones de papeletas y los votos electorales de cinco estados. Si suponemos que los demócratas disidentes hubieran votado a los demócratas formales, Nixon no habrí­a sido presidente. Lo más importante es que el mapa electoral cambió y el Partido Demócrata dejó de ser el partido del Sur y pasó a ser el partido de la Costa Oeste, los Grandes Lagos y la Costa Oeste, dejando que el cinturón de la Biblia estrechera el resto del paí­s, incluido el Sur.

Volvamos a Perot y Nader. En 1992, Bill Clinton logró el 43,4% del voto popular y Bush, entonces presidente, se llevó el 37,7%. Aunque la diferencia en papeletas fue sólo de un 6%, el demócrata arrasó (370-168) en votos electorales. El millonario conservador Perot, con el mensaje de la gestión económica que también aprovechó Clinton, consiguió el 19% de electorado popular y, los supuestos votos que quitó a Bush, privaron al Republicano de muchos delegados electorales. Cuatro años después. Clinton, ya presidente, logró un 50%; Dole, 42% y Perot bajó al 8%. En votos electorales, la diferencia volví­ó a ser abrumadora. En las siguientes presidenciales, el topo cambió de acera. Ralph Nader, un histórico activista de las asociaciones de consumidores, se presentó por el Partido Verde con un mensaje izquierdista y sus casi tres millones de votos fueron clave en una elección que se decidió por un puñado de papeletas. Se volvió a presentar en 2004 pero la llamada demócrata al voto últil lo dejó en anécdota. ¿Todos los que votaron a Perot habrí­an votado a Bush?, ¿todos los que votaron a Nader habrí­an votado a Gore? Ni idea pero puede, que es mucho decir en polí­tica.  Lo que es seguro es que el tercer partido da por el saco.

Y volvamos a Bloomberg. ¿Qué posibilidades tiene? De ganar, ninguna; de joder a alguien, todas. De acuerdo que es muy pronto para decir que Guliani o Edwards están muertos, como ha hecho la prensa, cada vez más metida en los tiempos deportivos y que confunde los caucus con una ronda de la Champions. Pero la propia estructura de la polí­tica estadounidense que permite que un un independiente (habitualmente millonario) alcance un cargo polí­tico porque la elección es directa impide que la presidencia sea un objetivo accesible. No basta con conseguir un procentaje, establecer un campamento base y crecer desde ese punto, como pretenden UPD y Ciudadanos, sino que, como el ‘ganador se lo lleva todo’, se necesita una red organizativa para caer y volver a intertarlo muchas veces, cosa accesible, pero también algún tipo de crisis nacional que sitúe algún tema en la agenda al que uno de los dos partido no sepa hacer frente y que le provoque una crisis interna, algo muy complicado por la flexibilidad de la organización partita en EEUU. Una acusación de traición se llevó por delante al Federalista y el Whig, nacido por la oposición a la presidencia de Jackson, no resistió a la polarización de la Guerra de Secesión y se integró en el Republicano.

Bloomberg tiene un problema añadido, e insoluble, que es otro triunfo de la polí­tica. Leo McGarry suele recordar que el presidente Jackson tení­a un gran queso en el vestí­bulo de la Casa Blanca para que los ciudadanos comieran de él mientras esperaban a ser recibidos por sus representantes. McGarry no dice que Jackson tení­a un queso aún mayor dentro de la Casa. El fundador del Partido Demócrata también inventó el spoil system, el sistema de botí­n, por el que el ganador nombra a todos los cargos, reparte prebendas, favores, contratos y, en general, el presupuestos. Si ganan los demócratas o los republicanos, todo el mundo sabe con quién tiene que tratar y, cuando digo todo el mundo, digo los lobbys, y cuando digo los lobbys no digo la IBM o Halliburton, que también, sino los sindicatos, las asociaciones de consumidores o la Asociación por los Derechos Civiles. ¿Una conspirací­ón para que todo siga igual? No, salvo que en el mundo haya seis mil millones de conspiradores y un tirador solitario que es el único que se ha dado cuenta. Es polí­tica y es bueno que tenga alguna resistencia al cambio que separe las ocurrencias de las realidades.

1 comentario sobre “Tres”

  1. jorgedioni » Blog Archive » Jorgedioniscopio II. El tercer partido dijo:

    […] ¿Y, entonces? Como ya hemos visto en EEUU, el tercer partido en los sistemas mayoritarios (y el español es el más mayoritario de los sistemas proporcionales) la actuación de los terceros partidos no decide por suma, sino por resta; no es importante por su presencia en la composición de las cámaras, sino por lo que su actuación descuenta a los que pueden ganar. Los medios del bloque de la derecha han insistido una y otra vez que tanto UPP como Ciudadanos, el primer expimento satisfactorio, son formaciones que vienen de la izquierda. El problema es que ambos partidos son prácticamente desconocidos para el bloque de la izquierda porque en esos medios apenas tienen presencia. Tal y como vemos en las encuestas sobre las batallas provinciales decisivas, la cosa va ir de un pelo. Más que una carrera decidida al sprint, como sostení­a Rajoy, se parece al final de un partido de baloncesto, donde siempre gana el que comete menos errores y tiene menos flancos descubiertos. UDP y Ciudadanos son dos flancos del PP. Hoy, Rajoy Rosa Dí­ez comienzan a pegar carteles en Cádiz. No es una ciudad tan grande como para que no se vean. […]

Deje un comentario