Jorgedioniscopio II. El tercer partido

Hace algunas semanas, un sondeo de TNS demoscopia para Antena 3 y Onda Cero colocaba a Rosa Dí­ez en el Congreso. Un escaño no es mucho para quien afirma representar el sentir de gran parte de la ciudadaní­a pero sí­ para quien sabe que dicha afirmación es falsa. UPD, el Partido de los Columnistas de las Tierras Vascas, en feliz encuentro verbal de un tertuliano copero, se presenta con la idea de recuperar competencias para el estado central, garantizar los mismos derechos a todos los ciudadanos y librar a los partidos nacionales del chantaje de los partidos nacionalistas. La primera idea es discutible, ya que la actual prosperidad, presatación de servicios incluida, coincide con el sistema autonómico; la segunda idea es una demagogia sin sentido, ya que lo impide la realidad, mientras que la tercera idea tiene trampa: se trata de sustituir el chantaje de los nacionalistas por el suyo. ¿O ellos no van a pedir nada? Su idea es que un partido nacional es un apoyo más estable que uno territorial porque mira por todos, afirmación muy discutible, ante la que cualquier conocedor de la polí­tica italiana bambolearí­a la cabeza.

¿Cabe un tercer partido nacional? Mejor dicho, un cuarto, ya que no es probable que UPD, ni Ciudadanos, superen la representación de IU. Es complicado. El sistema polí­tico de un paí­s es fruto, a partes iguales, de la sociedad y del sistema electoral y el nuestro penaliza a los terceros partidos nacionales. Otros paí­ses como Holanda, donde hay un distrito único, tienen multitud de partidos nacionales, incluido uno de los derechos de los animales, al que votarí­a mi mujer. Otros, como EEUU, donde ‘el ganador se lo lleva todo’, sólo permite dos, aunque no siempre han sido los que hay ahora. No es la primera vez que recuerdo que uno de los objetivos del sistema electoral diseñado en la Transición era consolidar dos grandes partidos situados en torno al centro y evitar la presencia tanto de opciones izquierdistas (comunistas) como derechistas (franquistas). Pongamos una circunscripción de tres escaños donde se presentan cuatro partidos con los siguientes resultados, 44%, 24%, 20% y 12%. El primero se lleva dos diputados y el segundo, el que queda. El primero, con 44% de los votos consigue un 66% de representación y el segundo, con 24%, un 33%. El tercero y el cuarto, nada de nada. Como los partidos polí­ticos son actores cuya función es gestionar el acceso al poder de los diversos grupos sociales, éstos buscan su acomodo en otras opciones que sí­ puedan alcanzarlo. Así­, la izquierda ha acabado derivando en formaciones territorialistas y la derecha, asaltando el PP.  En España, sobrevive un tercer partido, IU, al que vota servidor. En un sistema como el holandés tendrí­a 17 o 18 diputados pero, en uno como el estadounidense, languidecerí­a (aún más).

¿Y, entonces? Como ya hemos visto en EEUU, el tercer partido en los sistemas mayoritarios (y el español es el más mayoritario de los sistemas proporcionales) la actuación de los terceros partidos no decide por suma, sino por resta; no es importante por su presencia en la composición de las cámaras, sino por lo que su actuación descuenta a los que pueden ganar. Los medios del bloque de la derecha han insistido una y otra vez que tanto UPP como Ciudadanos, el primer expimento satisfactorio, son formaciones que vienen de la izquierda. El problema es que ambos partidos son prácticamente desconocidos para el bloque de la izquierda porque en esos medios apenas tienen presencia. Tal y como vemos en las encuestas sobre las batallas provinciales decisivas, la cosa va ir de un pelo. Más que una carrera decidida al sprint, como sostení­a Rajoy, se parece al final de un partido de baloncesto, donde siempre gana el que comete menos errores y tiene menos flancos descubiertos. UDP y Ciudadanos son dos flancos del PP. Hoy, Rajoy Rosa Dí­ez comienzan a pegar carteles en Cádiz. No es una ciudad tan grande como para que no se vean.

Deje un comentario