Idiana López

De vuelta al trabajo, tres Indiana López se juntan en la máquina de café.

Pues yo, dice Indiana López I, estuve en un poblado kiguli en Bismuti, que es una región al norte de Uganda. í‰ramos un grupo del club de barranquismo de Cogolludo e í­bamos con la idea de descender el desfiladero Ingusi pero nos pilló de lleno la guerra civil entre los kugulis y los batakis y secuestraron a tres miembros de la expedición, además de robarnos todo el material. Nos tuvimos que volver a la capital y, al contactar con la embajada, ¿sabéis lo que nos dijeron? Que cómo se nos habí­a ocurrido ir, que si no sabí­amos que habí­a guerra en la región. En lugar de darnos ánimos, nos echaron la bronca y, además, no nos pagaron el hotel en la capital ni tuvieron un detalle ni nada.

Es que es lo de las embajadas es un escándalo, dice Indiana López II. Yo me fui con mi mujer a Gargantastán, que es una región de Nagorno-Karabaj donde no hay ciudades, ni luz eléctrica, ni agua potable, ni comunicaciones, ni nada. Son nómadas y viven en las montañas con sus rebaños. Una pasada; lo mejor para desconectar y reencontrarse con uno mismo. El único problema fue que mi mujer cogió unas fiebres que no bajaban con los remedios que nos daban los nómadas y, como también se nos estropeo el jeep alquilado, me tuve que ir en caballo a la ciudad más próxima, que estaba a 800 kilómetros. Allí­ llamé a la embajada para pedir un helicóptero que evacuara a mi mujer al Doce de Octubre y me dijeron que lo más que podí­an hacer era enviar un médico local. Un escándalo, añade.

Ay, no tenéis espí­ritu aventurero, les dice Indiana López III. Yo me fui a un glaciar cerca de Terranova solo, sin equipaje y con las manos y los pies atados. Tuve una semana fantástica. Desconexión total, sin ver a nadie y en plena armoní­a con la naturaleza. Eso sí­, cuando llamé a la embajada para que me vinieran a desatar también me dieron largas. Un escándalo, sentencian los tres, un escándalo.

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