Condenados a la emoción, condenados a la tragedia

Al final, Otello, trastornado por las insidias de Yago sobre la infidelidad de su esposa, Desdémona, la mata antes de suicidarse. Muerte. Al final, Norma, desesperada por el abandono de su amante, Pollone, decide inmolarse junto a él. Muerte. Al final, Tito perdona a Vitelia y su enamorado Sexto, quienes han tratado de matarlo por venganza y celos.

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La Clemenza di Tito, tercera obra de la temporada del Teatro Real, refuta a sus precedentes, Otello y Norma no sólo estéticamente (negro / negro / blanco), sino en el desenlace, en la conclusión que se ofrece a las historias pasionales (tragedia / tragedia / clemencia). La razón humana puede evitar que la muerte sea el final inevitable del desbordamiento que produce la emoción.

Pero la ópera de Mozart también es la única obra en la que no hay un choque social. Otello es un militar de origen africano, intruso en el mundo veneciano, al que pertenece su esposa. Norma es una sacerdotisa celta, intrusa en el orbe romanizado, del que forma parte su amante. Por su parte, Vitelia y Sexto comparten orígenes con Tito: los tres pertenecen a la alta aristocracia de Roma.

Son esos intrusos a los que pertenece la emoción, la pasión, los que no saben dominarlas, los que hacen inevitable la tragedia. La disciplina que podría embridar lo irracional, que podría evitar el desenlace, pertenece a la aristocracia que, en ocasiones, cuando se mezcla con los extraños, sufre consecuencias dramáticas. Desdémona es asesinada por Otello y Pollone, arrastrado por Norma a la pira.

Esa división, ese contraste entre la lobreguez de los intrusos amenazando el mundo armiñado de lo establecido estaba clara en el contexto de la composición de la ópera. Mozart la escribió en el verano de 1791 como acto central de la coronación como rey de Bohemia de Leopoldo II de Habsburgo, hermano de María Antonieta, reina de Francia.

norma

De allí llegaba lo oscuro, lo sucio, lo curvo: la Asamblea Nacional, la toma de la Bastilla, la abolición del feudalismo, la eliminación de los tributos eclesiales, la declaración de los derechos del hombre, el calendario republicano, la igualdad de la mujer y la Constitución, la gran intrusa. Los antiguos siervos y criados no sólo opinaban, sino que legislaban para marcar las fronteras del rey y de dios. Y todo lo que se puede delimitar se puede eliminar. El verano de 1791 se produjo el intento de fuga de Luis XVI con su familia. Fue arrestado en Varennes. Un año más tarde, fue depuesto; al siguiente, guillotinado.

Leopoldo II fue uno de los principales promotores de la coalición internacional contra la Francia revolucionaria; la guerra, entre otros factores, como la indiscrecionaliddad del Terror, provocó la evolución del proceso desde la democracia hacia el autoritarismo de impronta militar que, sin embargo, sirvió para consolidar parte de los avances. Los instrusos instucionales sólo pudieron acomodarse blanqueándose; mejor dicho, siendo elaborados en la claridad del Imperio y no, en la tenebrosa Asamblea Nacional.

La democracia queda establecida como una intrusa, como un terreno sombío propicio a las pasiones, a la manipulación, la demagogia; fácil de arrastrar hacia los finales trágicos, la represión, el terror, la sangre. La ciudadanía es incapaz de seguir su propio entendimiento y salir de la minoría de edad descrita por Kant.

A la Ilustración sólo le queda un único camino, someterse como adjetivo al sustativo despotismo, como si cada avance humano sólo fuera una concesión al alcanzar un cierto hito, un regalo hecho desde fuera, como sugería 2001, a cuya habitación final recuerda la puesta en escena de La Clemenza di Tito.

2001

El diálogo entre negro y blanco, entre Otello/Norma y Tito resuena en la política, sobre todo, en los procesos electorales. Los sistemas de persuasión, habitualmente tomados de la publicidad, hacen que la ideología quede relegada, como algo oscuro, viejo y sucio, por la emoción, que es blanca, limpia y nueva, al menos en apariencia por sus breves ciclos de reciclaje.

No hay otro lenguaje posible que el de la emoción. De ese ente, que la mayoría de las ocasiones recibe una destilación nominal completa para eliminar todos sus atributos (pueblo, gente, etc.), se asume es es incapaz de asumir mensajes complejos; nunca será posible la alfabetización política que haga que los intrusos dejen de serlo. Ese ente sólo recibe y expresa impulsos. Esa conclusión hace imposible la formación de una visión general, eso quiere decir la palabra ideología, que sustente acciones concretas.

De ahí, la imposibilidad de confeccionar una alternativa. Las emociones, los impulsos, son materiales para, si acaso, ganar elecciones, pero hacen imposible el ejercicio del poder, donde es precisa una visión general para provocar el cambio. La ausencia de caminos, provoca la mirada nostálgica que permite cualquier puesta en escena: la idílica América blanca de las fábricas o la idílica Francia blanca de la campiña.

No es ninguna contradicción que esas puestas en escena estén dirigidas por la élite. Los propios intrusos asumen que deben estar fuera, que deben asumir sus limitaciones, ya que están destinados a la emoción y, por tanto, a la tragedia. Otello y Norma saben que no hay otro camino tras haber profanado la frontera social y cultural; ellos mismos no se concederán ninguna clemencia.

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