La CEDA vuelve a sacar las banderas (cuidado con las carteras)

“Mantengo 2015 como horizonte para que Euskadi tenga otro estatus”, dijo Íñigo Urkullu hace cuatro años. Era la precampaña de las elecciones vascas (que también coincidían con las gallegas) y el nacionalista conservador Urkullu, que se presentaba como candidato frente al lehendakari Patxi López, prometía un plan soberanista. Ganó, pese a perder escaños, gracias al desplome del PSE y a la insuficiente subida de Bildu. A 2012 le sucedió 2013 a este, 2014 y, chino chano, nos plantamos en 2015, momento en el no sucedió nada notable con el estatus de Euskadi.

Fue un verano muy nacionalista. Fue el primero en el que las entidades de la sociedad civil catalana se dedicaron a organizar un gran acto en la Diada. En 2012, fue una manifiestación en Barcelona con el lema “Catalunya, nou estat d’Europa”. Después, llegaron la vía catalana o la gran V, también en Barcelona. En medio, varias elecciones, la consulta del 9N y un montón de momentos históricos que han quedado en nada. Nadie ha cruzado ninguna línea, salvo la intervención del ministerio de Hacienda, poco antes de la convocatoria del 20D. Eso sí, las tensiones han permitido la continuidad de las estructuras conservadoras en el poder.

El recalentamiento identitario de ese verano tuvo otro gran beneficiado, Núñez Feijóo. El presidente de la Xunta de Galicia había, como este año, convocado las elecciones el mismo día que las vascas. El objetivo, mal disimulado, era centrar el debate en las banderas y que se olvidara la cuestión más importante que había sucedido en Galicia: la desaparición del sistema financiero propio (Caixa Nova, Caixa Galicia y Banco Pastor), todas ellas bajo la influencia del poder autonómico a través de la ley autonómica de cajas. No todos los años desaparecen entidades centenarias que superaron el 98, el 29 o la Guerra Civil. Ganó, como Urkullu y Mas (y Rajoy, antes).

Ese verano escribí:

El tema de las elecciones debería ser el modelo socioeconómico, quién debe pagar impuestos, cómo, cuántos y para qué. Es decir, si debe haber copago sanitario o persecución del fraude fiscal; si se debe subir el IVA o recuperar el impuesto de sucesiones o si deben eliminarse todas las becas de estudios o las ayudas a centros privados.

Pero es probable que no sea así y que la CEDA (PP-PNV-CiU), de acuerdo en el copago, la subida del IVA o las ayudas a los centros privados, centre el debate en la cuestión identitaria […]. Agarren su bandera, agítenla mucho y no se olviden de pasar por caja.

Hay poco que añadir. Tendremos mucha tensión identitaria durante todo el verano que servirá para que los proyectos conservadores vuelvan a sacar partido. El PNV ganará en Euskadi, el PP lo hará en Galicia, Puigdemont superará la moción de confianza y Rajoy forzará al resto de partidos a apoyarlo. Bienvenidos y acérquense a la nueva y divertida actuación de los títeres de cachiporra de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autonómicas).

Este verano tambien escribí:

En los próximos meses, verán tensiones institucionales, entrevistas apocalípticas y aparatosas puestas en escena con mucho símbolo. Nada en serio; nada irreversible. Escojan uno de los lados y siéntense cerca del escenario para poder gritar muy fuerte y que no se oiga nada. Si se quedan afónicos, pueden usar los aplaudidores que regala la prensa de cachiporra. No se queden en medio, tratando de entender a ambas partes y buscar una solución, porque puede que reciban un garrotazo perdido. Tampoco se vayan muy lejos, buscando una visión de conjunto, porque se decepcionarán. En los bastidores, podrán ver a todos los actores intimando y pactando el desmantelamiento de los servicios públicos, el blindaje de su estatus de clase o la impunidad de sus respectivos casos de corrupción y, señores, el espectáculo debe continuar. No se olviden de entregar su cartera a la salida. Si no lo hacen, el sistema será insostenible.

Hay poco que añadir.

PD: Gramsci explica que su poder está dado fundamentalmente por la “hegemonía” cultural que las clases dominantes logran ejercer sobre las clases sometidas, a través del control del sistema educativo, de las instituciones religiosas y de los medios de comunicación. A través de estos medios, las clases dominantes “educan” a los dominados para que estos vivan su sometimiento y la supremacía de las primeras como algo natural y conveniente, inhibiendo así su potencialidad revolucionaria. Por ejemplo, en nombre de la “nación” o de la “patria”, las clases dominantes generan en el pueblo el sentimiento de identidad con aquellas. Se conforma así un “bloque hegemónico” que amalgama a todas las clases sociales en torno a un proyecto burgués.

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