Lloviendo piedras

No es complicado ver hacia dónde van a ir las cosas; basta con leer atentamente y, después, quitarse las gafas. El 13 de octubre de 2011 escribí Cosas que es probable que pasen el año que viene donde hablaba de mutualización de la deuda autonómica y privada, la reforma laboral con 20 días y sin convenios, la subida del IVA y los impuestos municipales, la amnistía fiscal, la privatización y copago de los servicios públicos, la subida de tasas universitarias, etc.

Bastaba con leer las propuestas de los centros de pensamiento de la derecha divulgadas en la prensa diaria. Tampoco ahora resulta complicado intuir el panorama: Thatcher.

La nueva legislatura traerá el contrato único (el despido libre ansiado por la patronal) y un marco para la privatización de las pensiones, la educación y la sanidad. La experiencia de Madrid demuestra que es un error el proceso directo y es preferible, como en Barcelona, crear las condicciones para que las iniciativas privadas crezcan y las públicas mueran.

Todo ello gracias al consenso constitucionalista, europeísta y atlantista que, si lo necesita, buscará su justificación en UE y, quizá, en algún shock. El crecimiento de la deuda pública, unido a otros compromisos de pago, como Defensa, y a un terreno inestable propiciado por la ausencia de inversión y la abundancia de especulación (fondos buitre).

Para rellenar el hueco y evitar esas escenas de Dickens que, de vez en cuando, muestra la televisión, habrá una distribución discrecional de renta a través de programas copiados de EEUU: el Earned Income Tax Credit (EITC) o el Supplemental Nutritional Assistance Program (SNAP), los vales de comida que vemos en ciertas películas.

En los próximos años, se consolidará la desigualdad. Es un proceso es imparable porque está asumido por toda la sociedad y, aunque sufre una cierta deslegitimación intelectual, carece de cuestionamiento político relevante. Huir de la batalla de las ideas, de la ideología, en definitiva, de la política, puede proporcionar votos y popularidad, pero no modificará el consenso.

No es una cuestión de partidos políticos, sino de pensamiento global; no es una partida concreta, sino las reglas de juego. No se trata de los discursos, sino de los conceptos que se usan. No se puede hablar de la gravitación universal cuando todo el mundo tiene claro que la tierra es plana.

Hay que politizar la movilización, la indignación, la miseria. Hay que explicar que un despido o un desahucio no es una situación concreta e inevitable y, por supuesto, no es producto de un fracaso individual. Hay que explicar que son cuestiones establecidas en la legislación y que se puede cambiar; hay que explicar que existen transferencias de renta que no son inevitables. Para cambiar el modelo, hay que recuperar la frases con las que se inició: no tengáis miedo.

Hay que ir al campo de batalla grande, algo que nunca harán los que buscan victorias personales.

Mear en el mar es placentero, pero no cambia el curso del río.

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