Operación Roca II

Falta épica, escuché hace semanas. Épica, una palabra antigua, que cabe mal en la posmodernidad. La épica es incompatible con el nuevo mundo porque precisa, cosa imposible en internet, la existencia de un mensaje y, sobre todo, la desaparición del humor. El ingenio es lo que coloca un marco mental a todo lo que sucede antes de que el pensamiento se ponga en marcha.

El humor heredó el papel de cuestionador de los límites humanos cuando el arte optó por separarse de lo humano a principios del siglo XX. La risa es el signo de los tiempos y conviene releer El nombre de la Rosa: “La risa mata el miedo y, sin el miedo, no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios”.

Barcelona y Madrid llevan meses jugando una partida de póquer que comienza a preocupar porque cada vez hay menos fichas en la mesa y hay que enseñar las cartas. El abanico de cosas estéticas e inocuas (una declaración, una reunión) se reduce y hay que tomar decisiones concretas.

“¿Y qué pensáis hacer después de la declaración? […] ¿Y qué pensáis hacer después del artículo 155?”, preguntaba Enric Juliana el miércoles. Con frialdad, la segunda posibilidad tiene más opciones, pero no en la versión BDSM, sino cuidando las formas.

No habrá épica en Catalunya, contra el criterio de muchos. Habrá días tensos, con escenas graves, que el humor y las redes ayudarán a sobrellevar, pero no habrá épica. Basta, para poner los pies en la tierra, con leer el artículo: “el Gobierno […] podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a la CA al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones [constitucionales]”. En ningún momento habla de la suspensión de la autonomía.

No se trata de sacar los tanques, ni de que aparezca la guardia civil, ni de encarcelar a nadie; ninguna imagen humillante. Nada de cambiar el sistema educativo o arriar banderas. Nada de BDSM. Nada de Barcelona Año cero. Sólo, “las medidas necesarias”. Quizá, la única ventaja de no haber desarrollado las cosas es que, en manos de alguien con sutileza, pueden dar mucho de sí.

Tampoco tiene por qué producirse la destitución del presidente autonómico y que, en el caso de darse, este no tiene que ser sustituido por el delegado del gobierno; puede ser un ministro u otra persona. Un catalanista moderano sería la mejor opción, comenté en una tertulia. Miquel Roca, dijo Manolo López.

Alguien que acepte el papel de Mario Monti para desatascar un sistema político enredado en su propio ensimismamiento y que asuma el poder con una nueva convocatoria electoral a la vista. Sin épica, sin miedo, sin fe, con respeto hacia lo propio y lo ajeno, y tratando de entender ese concepto difuso de la dignidad, que está al inicio de todo el problema.

PD: Pero está opción es improbable. Las elecciones del 20D van camino ser un nuevo plebscito. El nuevo Parlamento, que será muy confuso, no estará dominado por el olfato, sino por el oportunismo. La ausencia de mayorías convertirá la próxima legislatura en un calentamiento eterno en el que todo el mundo estará buscando la pole para la próxima carrera. Muchos, con la aceleración que produce la sensación de participar en un momento histórico, buscarán la épica. Y tendrán un gif.

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