Internet se ha ajustado a la dinámica de clases

“Lo único que sucederá es que Internet se ajustará a la dinámica de las clases sociales y los propietarios de los medios de producción y distribución se convertirán en los propietarios de los medios de producción y distribución digitales. No se preocupen. No es nada nuevo. Ha pasado siempre. Ya duraba mucho”. Es un texto de 2010.

Ayer, sucedió. Lo pueden leer aquí. No es sencillo encontrarlo porque la mayoría de medios sólo se refiere al fin del roaming, las tarifas interestatales.

La Comisión Europea está promoviendo un mercado tecnológico común para competir con las empresas de Estados Unidos. Allí, seis compañías (General Electric, Disney, News, Viacom, Time Warner y CBS) controlan hasta el 90% de los contenidos que se consumen en Estados Unidos.

Era algo que el porno había anunciado. Una empresa, MindGeek, comparte la posesión de productoras (Bang Bros, Brazzers, Twistys, etc.) y tubes (Xvideos, Youporn, Pornotube). La misma empresa produce y distribuye (en alta-pago y baja calidad-gratis), un dumping empresarial que limita el terreno que puede ocupar la competencia al obligarla a ‘pasar por el aro’ de sus tubes y estrangula el crecimiento de cualquier francotirador independiente.

Era algo lógico, sobre todo, cuando los dueños de las infraestructuras ya son distribuidores e, incluso, productores. Hay que minimizar la incertidumbre de la libre competencia. Todo el mundo ofrece su mercancía y el consumidor busca, compara y se queda con lo que más le gusta. Un mal sistema; sobre todo, porque se querra reproducirlo en la política. Mejor, los oligopolios.

Ayer, la libre competencia fue defendida por la izquierda; no es algo extraño. Lo que queda de los partidos comunistas son los únicos que quieren rescatar los rastros del capitalismo, el consenso del 45, frente al consenso del 89, el corporativismo.

Es el fin de Internet (tal y como lo conocías) (16-09-2010)

Hace unos meses, el presidente de Telefónica, César Alierta, dijo que no todo el mundo era igual en internet. Hay empresas, dijo, que hacen un uso intensivo de la red para su negocio, logran grandes beneficios y pagan como cualquier otro consumidor. Propuso que esas empresas (como Google) contribuyeran a la financiación de los nuevas infraestructuras de banda ancha, fija y móvil, que tienen que servir para la nueva (r)evolución. Ésta se basará en cosas como la movilidad total (geolocalización, realidad aumentada, etc…) la convergencia de las pantallas (móvil, ordenador, televisión, tableta y lo que surja) y los universos en la nube (aplicaciones en lugar de software, streaming en lugar de descargas o virtualización en lugar de almacenamiento). Son aplicaciones y servicios que precisan de anchos de banda grandes y seguros y que puede multiplicar la gran característica de internet, la ausencia de intermediarios.

La democratización que se ha producido en la música podía extenderse a otros campos como la información o la distribución. Por ejemplo, TV-IP, internet por la tele, es algo que acaba con las cadenas de televisión porque el productor de contenidos y el consumidor no necesitan a alguien que coloque y comercialice; los emisores son iguales y Manolito TV puede tener una audicencia similar a La Sexta. Por ejemplo, la geolocalización nos permitiría encontrar tiendas de alimentación cerca de donde estemos y conocer sus precios o procedencia de los productos. Todo el mundo ofrece su mercancía y el consumidor busca, compara y se queda con lo que más le gusta, como está sucediendo en la música. Es un caos muy beneficioso. Sin embargo, lo más probable es que no suceda.

La mayoría de empresas de internet, comenzando por Google, pusieron el grito en el cielo pero, inmediatamente, comenzando por Google, se hicieron la siguiente reflexión: tengo nuevos productos, como Google TV, que necesitan buenas infraestructuras, porque nadie va a pagar por una película que se cuelga. Google preguntó a las operadoras: qué me das. Un carril para ti, respondieron. (Internet es, en teoría, neutral como la carretera de Burgos. Todo el mundo entra y ni los suministradores ni los operadores pueden priorizar o discriminar el tráfico. En teoría, digo, porque hay lugares donde a los particulares que hacen un uso intensivo (los que están todo el día descargándose de todo) se les baja la velocidad. El carril quiere decir reservar ancho de banda para Google y que el resto vaya a lo que quede). Verizon, una operadora estadounidense, llegó hace unas semanas a un acuerdo con Google para priorizar su tráfico a cambio de coinvertir en infraestructuras.

Poco después, Telefónica anunció que la evolución de la red requiere otra estructura tarifaria que supondrá el fin de las tarifas planas. Tal cosa no va a suceder por la presión comercial pero la presión conjunta de operadoras, suministradores de infraestructuras, empresas de internet, medios de comunicación y grandes empresas en general sí conseguirá romper la neutralidad de la red. El modelo será parecido al de Google-Verizon. Habrá empresas que coinviertan en red a cambio de canales preferentes, que también estarán disponibles para empresas que puedan hacer el desembolso. La velocidad de los contenidos depende, que es algo que se nos olvida, de nuestro ancho y del de quien nos los envía. El documental de un aficionado se cortará mientras la película de Google TV, no; los precios de la tienda particular puede que no se abran en el teléfono pero los del Opencor, siempre. No todo el mundo es igual en internet, dijo Alierta. Ni fuera.

1 comentario sobre “Internet se ha ajustado a la dinámica de clases”

  1. Javier dijo:

    Debería actualizar estos datos, pero había leído que el 60% del tráfico en internet está generado por bots. También había leído que del total de los contenidos que circulan por la red, el 70% era pornografía (porcentaje que, supongo, habrá que aplicar al 40% de tráfico humano, a no ser que los bots se la casquen)…
    que me llamen viejales, pero internet es lo más parecido a la revista Interviu que conozco, que todo el mundo la compraba por los artículos de investigación….
    Obviamente, internet es un inventazo, que tiene cosas chulísimas y que podría ser revolucionario. Pero es como el proceso catalán, ¿cómo puede liderar ningún cambio el stablishment que ha dirigido el país durante más de 40 años?
    A la música le ocurre lo mismo, no ha sido gratis, sólo que el dinero no se lo llevan los músicos, sino las empresas como telefónica y las discográficas que lleguen a acuerdos con ellos.

    Por otro lado, cuando el patrón te deja utilizar un local suyo para que te reúnas allí con tus amigos… es cuando menos, sospechoso.
    No me imagino a Von Choltitz ofreciendo la cuarta planta del Majestic a la resistencia y los otros aceptando encantados al grito de “¡esto sí que es una revolución!”

    Un abrazo, Jorge. Salut i força, company!

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