Debord-Tocqueville

La experiencia griega nos debería enseñar que las elecciones ya pertenecen más a Guy Debord que a Tocqueville. Son una puesta en escena liberadora, un desparrame de hormonas, un espectáculo gritón que ya nada tiene que ver con la realidad; más concretamente, con la realidad realmente existente. Las elecciones son parte de la posmodernidad, un artificio que no decide nada porque no hay alternativa.

Las elecciones no deciden nada porque la soberanía se ha cedido a dictadores. No en el sentido latinoamericano, sino en el romano, un grupo de personas no elegidas a los que se les otorga un poder extraordinario y no sometido a examen. Eso es la Comisión Europea o el BCE. Se ha cedido el cuadrado del poder de los estados-nación: parlamento, banco central, deuda y burocracia fiscal. Grecia carece de control sobre todo lo anterior; España, casi.

Qué más da lo que suceda el domingo.

PD: Catalunya, como los usuarios de Uber, no quiere intermediarios y desea conexión directa con el prestador del servicio (Bruselas/Berlín). La burocracia estatal, como los taxistas, como las eléctricas con el autoconsumo, no está dispuesta a ceder su negocio sin pelear.

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