Fe (oferta y demanda)

Nos toman por gilipollas, oigo. Normalmente, cuando se trata esta cuestión se centra el peso en la oferta, absolviendo a la  demanda. Es algo que enraíza con el teatro del Siglo de Oro: el buen pueblo, bruto, noble y trabajador, engañado por el mal gobernante. Es una tradición que merece ser revisada y, por lo menos, repartir equitativamente las responsabilidades. La oferta política busca un nivel intelectual concreto porque se adapta a la demanda.

En concreto, son interesantes las propuestas que requieren la suspensión de la inteligencia, el razonamiento y la asimilación de información; las propuestas que exigen fe: si usted me vota, pasará todo lo bueno; si no me vota, todo lo malo. Es la táctica con la que el partido del gobierno afrontará las próximas elecciones generales. Su rival pedirá otro acto de fe: hemos cambiado; no os volveremos a engañar.

Porque, además de la suspensión de la inteligencia, ambas formaciones requieren olvidar el pasado. El partido del gobierno (PP) se presentó a las pasadas elecciones con un corpus que incumplió: no habrá ayudas a la banca, no habrá recortes en sanidad o educación o no habrá subida de impuestos. Llevo a cabo unas políticas que no estaban en su programa, algo que ya comenzó el partido de la oposición (PSOE) en mayo de 2010.

Previamente, tendremos otras elecciones similares. Las élites catalas, parte de ellas, piden ese acto de fe: si usted me vota, pasará todo lo bueno. También, la suspensión de la asimilación de informacion y olvidar el pasado. Las élites políticas que sostienen que el cambio benéfico que se producirá si ganan (y consiguen el cambio administrativo) son las mismas que han gobernado durante los últimos 35 años. Su táctica es achacar todos los problemas a un apellido, España, y cambiarlo por otro, Dinamarca u Holanda.

Requiere una importante suspensión de la inteligencia considerar que, por ejemplo, las actuaciones de los responsables de seguridad de la Generalitat, en el caso Ester Quintana, fueron una imposición del gobierno español. ¿Qué cargo del gobierno español obligó a mentir a la conselleria de gobernació?

Requiere una similar suspensión de la inteligencia creer que, por ejemplo, las numerosas tramas del sistema sanitario, como el caso Innova, fueron una imposición del gobierno español. ¿Qué cargo del gobierno español obligó a colocar protesis defectuosas en el hospital de Reus?

Es comprensible que las élites, madrileñas o barcelonesas, busquen pervivir y reproducirse y que, para ello, adapten su oferta política a la demanda social. Cómo sea esa demanda social es lo que depende de la sociedad. Si la sociedad quiere fe, algo fácil de ofrecer viendo la historia, no es problema de nadie más.

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