Mundo Haneke

Leo este artículo de Elvira Lindo en El País:

Me di un golpazo en la cabeza al subir mi mochila al maletero. Todos los pasajeros me miraron y yo traté de superar la inexplicable vergüenza que provoca darse un coscorrón. De pronto, escuché una risa a mis espaldas. No lo podía creer: un jovenzuelo se reía de mi torpeza. Le miré fijamente a ver si reaccionaba, pero no. Me salió esa macarra que llevo dentro y que sólo hace acto de presencia cuando algo me enerva, le puse la mano en el hombro y le dije, “¿tú eres tonto, chaval?”. Se quedó desconcertado y ahí se acabó el episodio. Cuando tomé asiento reflexioné sobre mi reacción y concluí que he llegado a esa edad en que las mujeres nos volvemos valientes y con la autoridad que da la experiencia somos capaces de ponerle la mano en el hombro a un cretino y soltarle, ¿tú eres tonto, chaval?

[…] Porque uno es tonto a veces, en el sentido de no advertir que mofarse del dolor ajeno es un síntoma de inmadurez, y el hacerse adulto consiste en reconocer, no sin algo de vergüenza, esos momentos en los que se fue rematadamente tonto.

Que a alguien se le caiga una maleta hace reír; que a alguien se le caiga una maleta y esta se abra, hace reír más; que a alguien se le caíga una maleta y esta se abra dejando ver diverso material BDSM, aún más, sobre todo, si la propietaria de la maleta es una monja. Esa es la historia del humor. Es el regador regado. Ya no es que no nos podamos escojonar con Pulp Fiction, es que no nos podemos reír con Chaplin.

Sí, Chaplin, ese desalmado que hacía chistes con el hambre, ¿no recuerdan La quimera del oro? O con el abandono infantil en El Chico. O con la seguridad en el trabajo en Tiempos Modernos. Toda su vida mofándose del dolor ajeno. Qué villanía. Por no hablar de otros desalmados como Buster Keaton, que hizo bromas de la guerra, que tanto dolor ha traído al mundo. O los hermanos Marx, ¿qué tropelía no se les habría ocurrido con una mujer a la que se cae la maleta?

Dice Pascal Bruckner en La tentación de la inocencia: somos inconsolables por no estar oprimidos y, a falta de enemigos reales, se crean imaginarios… Exagerar las mínimas angustias permite desplegar sobre todo una oscura voluntad de poder… Pertenderse perseguido, se convierte en una sutil manera de perseguir a los demás… En el sacrificio del asceta hay una secreta voluntad de esclavizar, un deseo de distinguirse para subyugar mejor al prójimo situándose por encima de él.

Por si no lo han leído bien la idea inicial es una maleta que golpea a una persona. Y después, pasamos a hablar del dolor ajeno. Mofarse del dolor ajeno es una maleta que golpea a una persona. Haneke, Von Trier, Dardenne, ese Occidente que necesita sentirse culpable porque lo quiere todo; también, eso. Es la banalización absoluta de todo.

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