Casa de Cardos. La manzana de Fabiola

Fabiola

En 2009, la reina (madre) Fabiola de Bélgica recibió varias amenazas de muerte. En una de ellas, le decían que acabarían con su vida el día de la fiesta nacional usando una ballesta. La anciana dejó su retiro andaluz y se presentó en Bruselas exhibiendo una manzana. Venga, Guillermo Tell de los cojones, venga. No se puede molar más.

La anécdota me la contó un amigo hace semanas. Otro fue el que me sugirió hace semanas que hiciera un artículo explicando el fenómeno pop de Manuela Carmena. En el texto, indicaba que una de las razones del éxito viral era la inclusión en su lista de dos agitadores culturales con los que, a poco que uno sea inquieto, es (o era) inevitable encontrarse en la red: Guillermo Zapata y Pablo Soto.

Uno ha caído; el otro está tocado. El equipo de Ahora Madrid no ha tenido los reflejos de la reina Fabiola para defender a uno de los suyos, un tipo importante, uno de los que iba a ser clave en impulsar un cambio cultural. No sólo en su ámbito, sino en todos; como aficionado a la ópera, quería verlo en el patronato del Real. No podrá ser.

Nadie intentó dar una mínima explicación. La izquierda, conservadora y puritana desde los 80, optó por no hacer política y asumió los clásicos valores de ese espectro: ejemplaridad moral pública y privada. Se podría haber dicho que acusarlo de antisemita era como acusar a Chaplin de nazi por El gran dictador. Se podría haber dicho que los concejales tienen que dar explicaciones sobre su gestión y no, sobre su vida previa y privada.

Se podría haber puesto en marcha un revocatorio, lo que habría movido un poco el foco, además de presentar ese instrumento democrático. Y habría dado tiempo. Pero, no. Todo deprisa. Primera batalla perdida y, además, como recordaba Isaac Rosa, en terreno propio. Y en un contexto extraño. Demasiados silencios. Se transmitió soledad al electorado.

Lograda su dimisión, la tensión pasa a otra persona. ¿Qué esperaban? Varias de las empresas más conocidas del país, todas las constructoras, viven de los ayuntamientos y remunicipalizar los servicios quiere decir llevarlas a la quiebra porque todas tienen una deuda descomunal. La práctica totalidad de medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión) no son rentables y viven sólo para ejercer de sistema de presión de empresas como esas.

Ayer me preguntaba “si la rendición llega sólo un día después de la investidura, ¿qué pasará cuando se intenten resolver los contratos con las eléctricas o las operadoras de telecomunicaciones?”. Tengo la respuesta: puedo esperar sentado.

Hoy, el colectivo de personas antidesahucios pedía la presencia de alguien del nuevo equipo en un lanzamiento, como ayer hizo Ada Colau. Nadie. Sólo, una carta. ¿No se entiende que venimos de un grave problema de empatía?

El PP no ha perdido por los recortes, sino por su actitud sociópata. Todo el mundo puede entender al padre de La gran familia diciendo a sus hijos que habrá que apretarse el cinturón, pero el PP ha sido el padre de Hansel y Gretel, que abandona a los niños en el bosque y se vuelve a casa. Hoy, alguien tenía que estar en #asunsequeda.

Después, se descarta el banco público, un instrumento fundamental, y se llama al programa electoral “un conjunto de sugerencias”. No habrá recuperación de derechos, sino bonos de comida. Como guinda, se proponen grupos de madres para limpiar los colegios; sí, de madres. De la revolución al ejército de salvación.

Madrid ha entrado en un ‘resacón en el ayuntamiento’, una espiral cuya única salida es que el resto de ciudadades desbrocen el paso.

1 comentario sobre “Casa de Cardos. La manzana de Fabiola”

  1. Jordi dijo:

    Y para cuando hagan alguna medida del tipo que has apuntado respecto a las electricas o a la remunicipalización de servicios saldrá el almirante Carmona para decir que eso son excentricidades que no van a ningún sitio.

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