No tengáis miedo

Tengo una idea para petarlo. La empresa se llamaría Señor Lobo y se dedicaría a revisar todas las redes sociales de los candidatos a algún puesto de responsabilidad para limpiar todo lo inconveniente. Like a virgin sería nuestra canción promocional. Y Leticia Sabater la bailaría mientras una voz en off dice: recupera tu himen moral.

El miedo cambio de bando en los años 80. No tengáis miedo, dijo Juan Pablo II, y la derecha cultural y política le hizo caso. El proyecto de eliminación del estado del bienestar requería dejar de estar acomplejado por su creación para tener la desvergüenza de no reconocer los beneficios que había provocado.

Cuando el proyecto se puso en marcha, la izquierda, que siempre había ocupado el progreso, se volvió reaccionaria y conservadora. Durante años, su plan se lilitó a resistir, lo que es lo mismo que ir siendo asimilado. La izquierda se volvió conservadora y puritana, y asumió los clásicos valores de ese espectro: ejemplaridad moral pública y privada.

Desde hace décadas, una persona de izquierdas tiene que explicar y expiar su lujuria o su gula, cuando esos son pecados cristianos. Desde hace décadas, una persona de izquierdas tiene que explicar y expiar tener dinero cuando el que sostenía que hay que entregar las propiedades y ser pobres era Jesús de Nazaret (Marx y Engels prohibían la caridad y, en general, cualquier actuación individual). Desde hace décadas, desde Gordon Gekko, la fiesta está en la derecha y el cilicio, en la izquierda.

No se puede dar ningún paso adelante sin perder el himen moral.

Varias de las empresas más conocidas del país viven de los ayuntamientos y remunicipalizar los servicios quiere decir llevarlas a la quiebra. Eso va a doler más. La práctica totalidad de medios de comunicación tradicionales (prensa, radio y televisión) no son rentables y viven sólo para ejercer de sistema de presión de esas empresas. Si la rendición llega sólo un día después de la investidura, ¿qué pasará cuando se intenten resolver los contratos con las eléctricas o las operadoras de telecomunicaciones?

Ya está bien. Recordad las palabras de Juan Pablo II: no tengáis miedo.

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