Red de ciudades

Decía hace unas semanas:

Según el oráculo de las encuestas, Podemos está estancado. Ha tocado fondo por la izquierda, el PSOE no termina de hundirse y Ciudadanos le está robando el espacio de lo nuevo, la centralidad. El grupo dirigente ya resta. La soberbia que da sentirse ungido les ha hecho ganar enemigos innecesariamente y meter la pata más de lo imprescindible. Además, uno de los ataques que han recibido ha tenido éxito, el marco mental, y la formación aparece ya cosida a Venezuela.

Las próximas elecciones autonómicas crearán una nueva nobleza en la organización: diputados autonómicos y, quizá, consejeros o presidentes de comunidad autónoma. No sólo serán barones, sino reyes, porque no hay una estructura de partido. Ellos manejarán presupuestos y harán leyes.

Además, los proyectos municipales formarán un nuevo grupo situado intra y extramuros del partido. En las candidaturas ciudadanas, hay gente de Podemos, pero también de otros partidos, de movimientos sociales y de otra procedencia. Será extraña la ciudad de más de 100.000 habitantes donde no entren al consistorio y en muchas de ellas triunfarán.

Imaginemos el capítulo. Todo comienza en Madrid. Las encuestas de verano muestran que el proyecto municipal tuvo más apoyos que el autonómico y, sobre todo, que el que tiene el nacional. Varias voces piden un replanteamiento de la estrategia y a ese murmullo se unen otras ciudades.

Después, cuando el debate está sustentado, llegarán los reyes regionales que aprovecharán el debate para marcar su territorio en los pactos postelectorales, en los que el grupo dirigente querrá influir.

La pelea será dura y será lo más parecido a Juego de Tronos que veremos en España. Habrá intrigas, traiciones, egos y sangre. Cuestiones personas, amistades o relaciones, mezcladas con la lucha política.

Habrá incluso quien, desde el municipalismo, los medios afines o la izquierda clásica, propondrá no sólo la sustitución del grupo dirgente, sino la creación de una nueva iniciativa para ampliar la base y congregar mucha más gente para romper el techo y ganar las elecciones generales.

Un Olivo, esa candidatura popular que los egos y las inercias, de momento, han impedido.

El CIS no significa mucho porque la casi la mitad de la gente no ha decidido su voto. Sin embargo, hay una tendencia: las iniciativas municipalistas tienen buenas expectativas en las grandes ciudades y disputan la victoria. En las autonómicas, Podemos se sitúa como tercera fuerza detrás del bipartidismo. Es algo que tiene que ver con la concentración del voto del cambio en entornos urbanos, pero es sólo un matiz estadístico que no puede servir de escudo cuando las cifras llegan lanzadas en catapulta.

El grupo dirigente no ha ahorrado en enfrentamientos. Lo hizo con el partido instrumental (Izquierda Anticapitalista) que usó para articular su propuesta e indirectamente con la gente del 15M, que sintió como traición la pérdida de poder de las redes en el proceso de construcción de un partido tradicional, y con otros partidos y movimientos sociales, a los que ha tratado de arrinconar o fagocitar.

Por último, hay dos factores que hacen muy probable esa lucha: la necesidad de buscar culpables cuando las expectativas se incumplen y que es un gran contenido televisivo y digital. Qué cantidad de horas de programas veraniegos pueden llenarse con las declaraciones de unos y otros,; combates que seguirían en la red.

Una de las posibles resoluciones es la creación de un nuevo proyecto basado en la red de inciativas municipales. Un proyecto menos vertical, con más contenido y menos egos, con un programa muy corto basado en el rescate ciudadano y una estética menos agresiva, con otro olor. Un Olivo.

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