Matar al guía II

Rosa Díez dice que “Albert Rivera está disfrutando”. Hace mal, porque el siguiente es probable que sea él. Es algo lógico porque, a medida que los partidos crecen, dejan de ser un proyecto personal para ser colectivo y es más complicado de controlar.

Tras las elecciones de mayo, habrá mucha gente de Podemos y Ciudadanos que tenga un cargo electo. Concejales, alcaldes, diputados autonómicos, provinciales y forales. Incluso, alcaldes. Incluso, quién sabe, presidentes de comunidad autonónoma. Podemos, en Navarra; Ciudadanos, en Murcia.

No sólo serán barones, sino reyes, porque no hay una estructura de partido. Ellos manejarán presupuestos y harán leyes. Es una de las consecuencias de la falta de definición. El conjunto vacío puede ser llenado por cualquiera y los nuevos cargos de mayo serán los encargados de solidificar el proyecto.

Pablo Iglesias y Albert Rivera (y sus equipos) sólo tienen la legitimidad de estar al inicio. En el primer caso, también aporta el prestigio de ser el inventor de la idea; en el segundo, el tipo que mantuvo a flote la chalupa durante nueve años. Sin embargo, no bastará si la nueva aristocracia del partido los percibe como un problema para la evolución posterior.

El aventurero, tan necesario en el desierto, pasa a ser un incordio cuando acaba la aventura. Hay que matar al guía.

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