Variaciones sobre un tema de Borges

Para que su horror sea perfecto, Rosa Díez, acosada al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Irene Lozano, su protegida, acaso su hija, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hija mía!

Para que su horror sea perfecto, Pablo Iglesias, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Íñigo Errejón, su protegido, acaso su hijo, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hijo mío!

Para que su horror sea perfecto, Mariano Rajoy, acosado al pie de la estatua por los impacientes puñales de sus amigos, descubre entre las caras y los aceros la de Soraya Sáenz, su protegida, acaso su hija, y ya no se defiende y exclama: ¡Tú también, hija mía!

Deje un comentario