La minitransición de Felipe VI sigue

Las elecciones andaluzas, como las vascas o las catalanas, no son extrapolables. El PSOE se ha convertido, como indicó Enric Juliana, en el Partido de Andalucía, al igual que el PNV lo es de Euskadi y CiU, de Catalunya. Dispone de una red social, casi psicológica, que desliga los resultados autonómicos del resto de elecciones.

Tampoco son extrapolables porque Andalucía, aunque seguramente no por el PSOE, es una de los pocas autonomías donde las instituciones no han abandonado a la población. Ha habido austeridad y recortes, pero con vergüenza, sin la sociopatía de otros lugares donde el desamparo ha sido total.

Otro factor por el que no son extrapolables es el efecto del sistema electoral. Con el 62% de los votos, los dos primeros partidos tienen el 73% del parlamento. Lo que quiere decir que el resto, con el 38%, tiene el 27% del parlamento. Esta distorsión se repetirá, pero con otros actores. El tercero, en otras autonomías, puede ser el PSOE. O a nivel estatal. En mayo, las noticias no serán buenas.

Tampoco se podrá hacer proyecciones postelectorales. Susana Díaz, con el presupuesto de este año aprobado, sólo tiene que superar la sesión de investidura y esperar a ver qué pasa en el resto de procesos electorales de este año.

El cambio, la minitransición de Felipe VI, sigue, pero no se adaptará a los formatos televisivos. Es más lento y menos visible. El desafío del grupo dominante es embridar a los nuevos partidos para que limiten su acción a lo posible: acabar con el plan de estabilización de 2011, recuperar ciertas cuestiones del pacto social, limitar la acción (corrupción) de las élites extractivas y un cambio generacional. No es poco, pero no es un proceso constituyente.

El problema está, sobre todo, en la derecha. Un dato: el PP controla cientos de instituciones; dentro de un año puede no llegar a una decena. Ademas, la fragmentación de los legislativos (consistorios, diputaciones o parlamentos) imposibilitará colocar al personal de forma tan discrecional como hasta ahora.

Habrá mucha gente fuera, mucha gente cabreada; habrá mucha gente sin conexión con el poder; mucha gente perpleja. Hay frases como “los inmigrantes tienen la culpa de todo” que están esperando alguien que las ocupe. Este año, sólo resultados; la política, el que viene.

PD: Una intución: los nuevos partidos evolucionarán, asimilarán rutinas y personalidad. Es posible que sus promotores dejen de ser útiles a los ojos de los líderes de segunda hornada que lograrán poder en mayo.

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