Ofelia Nieto 29, la piscina de Pedro J. Ramírez y una excavadora

No puedo ser tertuliano porque no sé qué pensar sobre Venezuela. No tengo claro cómo valorar un cambio que, es cierto, terminó con la represión, atenuó la miseria y extendió los servicios públicos, pero que, sin embargo, no cambió el modelo socioeconómico ni la ideología para hacer esos cambios irreversibles.

Sí tengo clara una cosa. Todo lo que se lee en Europa sobre Venezuela es falso. Sobre todo, la idea de que se trata de un régimen dictatorial y represivo. Bastaría la enumeración de los procesos electorales o la imagen, que insulta la inteligencia ajena, de personas denunciando falta de libertad de expresión ante decenas de micrófonos.
La cuestión, la diferencia, es que los actores están transmutados y eso es lo que provoca el cortocircuito mental.

Es razonable que las fuerzas de orden repriman, como en 1989, las protestas de trabajadores por la carestía de la vida provocando casi 300 muertos y un número indeterminado de desaparecidos. Sin embargo, es demencial que las fuerzas del orden repriman las protestas de los miembros de la élite económica.
Por ejemplo, el pasado viernes se derribó, sin aviso previo, un edificio en Madrid. Estaba amenazado de expropiación forzosa, pero esta estaba recurrida en los tribunales. En los incidentes, fue detenido el periodista Jaime Alekos. Todo razonable, según el criterio dominante.

Vamos a pensar en otra situación. Otro gobierno envía una excavadora, en lugar de a una vivienda de trabajadores, al chalet de Pedro J. Ramírez en Baleares. Concretamente, para demoler la parte que entra en la zona de dominio público. Pensemos que hay otras personas, no pertenecientes a movimientos sociales, que se enfrentan a la policía y son golpeadas; imaginemos que otro tipo periodista es detenido. Todo demencial.

Hay gente que no está acostumbrada a cumplir la ley, a tener límites, como los niños malcriados, y si alguien les obliga a hacerlo provoca un cortocircuito mental. Hay gente que no está acostumbrada a pasarlo mal y es probable que ese sea su panorama en 2016. Creo que será un año políticamente mucho más interesante que este, que no tiene más interés que el resultado, como en los malos partidos de fútbol.

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