Fanfarrones, bastardos, visionarios y una multitud que acaba poniendo la pasta

Leo en Infolibre: Las prácticas bancarias de alto riesgo vuelven siete años después del estallido de las ‘subprime’. Lógico. La industria financiera tiende a la especulación por dos motivos. El primero, porque puede; el segundo, porque quiere. Todo lo que se decía que se iba a hacer sobre regulación no se hizo y la basura, como bien saben la mafia y las constructoras españolas, es de los sectores más rentables que hay. Es mucho más productivo, palabra fetiche, especular que invertir, apostar que prestar. Crear valor, que es como se llama a la estafa a gran nivel, produce beneficios inmediatos que se transforman en bonus inmediatos. El sistema de retribución variable influye en la toma de decisiones concretas y ahoga a la economía real.

Y me recuerda a esta noticia publicada el viernes por El Economista:

El Eco

Y también, a este texto de hace seis años (25 de junio de 2008)

Sistema financiero y el catafalco

Estoy leyendo Verdes valles, colinas rojas de Ramiro Pinilla. Es la historia de Getxo desde mediados del XIX hasta mediados del XX y una de las historias que se entrecruzan es la de Exte y Larreko y el catafalco. El primero encontró los restos de un barco en la playa y el segundo lo subió con sus bueyes hasta un prado donde Ermo comenzó a servir txakoli a los que apostaban si el catafalco donde apoyaban los vasos acabarí­a siendo de Exte o de Larreko.

La familia Ermo acabó construyendo una venta alrededor del catafalco-mostrador y, tiempo después, el cura indicó que la madera habí­a sido llevada a Getxo por Dios y que tení­a que servir de altar mayor. A las apuestas heredadas por Exte o por Larreko, se juntaron, cruzándose, las que optaban por Ermo o por el párroco. Y todo sin que las Juntas de Gernika se pronunciaran sobre si las cosas que aparecen en la playa son de quien las encuentra, de quien las sube al prado, de quien las aprovecha o de Dios. Tras mil páginas, 18 de julio incluido, aún no hay resolución.

El sistema financiero se basa en la circulación de cosas que no se ejecutan, como las apuestas getxoetarras. Tus dos bueyes contra mis ovejas, dice uno y otro añade su cosecha de pimientos si gana el de las ovejas. El hijo del de los bueyes se juega uno de sus terrenos y el de las ovejas no se echa atrás y pone sobre la barra dos mulas que compró en el mercado de San Juan. El hijo del los pimientos, precavido, como no puede cambiar el envite de su padre, pone ahora los huevos en la otra cesta y se juega su pajar por el de los bueyes.

En el libro, hay un bastardo, hijo del señor de Getxo y una criada, que rompe el apego a la tierra abriendo una casa de seguros que extiende polizas sobre las cosechas. Pongamos que, además, el bastardo sacara un producto que cubriera las apuestas y otro que permitiera apostar sobre las apuestas. Y que la agencia de seguros del bastardo fuera comprada por un banco que, a su vez, lanzara bonos, obligaciones y otras titulizaciones sobre los seguros de las apuestas.

El movimiento de capital financiero, no de dinero, serí­a cada vez mayor permitiendo al banco crecrer. El bastardo, listo él, podrí­a invertir el dinero de la venta de la agencia de seguros en una casa que dé confianza a los que todaví­a no se fí­an de banco, una consultora. La empresa del bastardo informarí­a periódicamente de que todas las emisiones del banco están bien cubiertas a pesar de ser sobre apuestas efectuadas en una campa de Getxo.

Todo funciona hasta que algo devuelve la situación a la campa de Getxo. Una mala cosecha, una guerra o una decisión de las Juntas de Gernika sobre si las cosas que aparecen en la playa son de quien las encuentra, de quien las sube al prado, de quien las aprovecha o de Dios. Algo que descubre que, detrás de los bonos que valen millones, hay una apuesta de dos bueyes contra un rebaño de ovejas. ¿Y todo se va al carajo? No.

La solución está en el libro y es con la que el obispo de Pamplona construye la primera iglesia. Se aprovecha una aparición divina para informar a todos de que hay que alzar un templo en ese mismo lugar y que todo el mundo debe colaborar en su construcción o el pueblo quedara maldito. Más o menos, es lo que proponen las cajas o los constructores, o pagamos su crisis a escote o nos vendrá el apocalipsis. Y tal cosa es el sistema financiero: fanfarrones, bastardos, visionarios y una multitud que acaba poniendo la pasta al principio y al final.

1 comentario sobre “Fanfarrones, bastardos, visionarios y una multitud que acaba poniendo la pasta”

  1. javier dijo:

    En “Naturaleza muerta con brida”, Zbigniew Herbert relata algo muy parecido al caso que compartes en este post: La fiebre de los tulipanes, ocurrida en los países bajos en el s. XVII. Es tan espectacular como increíble.
    Como esta nuestra, sólo que al vivirla (sufrirla) parece negar al común la más mínima capacidad de perspectiva.

    Ya sabes, la crisis sistémica que nadie vio venir y que iba a marcar un antes y un después…

    Salut i força, company!

    Javier

Deje un comentario