Ideología, coño, ideología

La ideología no es importante, oigo. La ideología no es importante, repiten. Madre mía, pienso.

Ideología es una palabra con mala prensa. Aparece en el temario de un curso que doy y es habitual que la tenga que explicar. No quiere decir ser de este partido o de este otro, sino qué se piensa de las cosas. Ideología, para entendernos, es la visión del mundo y qué se quiere hacer con él. Por ejemplo, si para nosotros es razonable que una mujer no pueda salir a la calle sola o que una persona enferme o muera porque no se puede pagar el tratamiento médico. En nuestro mundo, lo segundo entra dentro de lo razonable. En los últimos dos años, se han retirado casi un millón de tarjetas sanitarias.

Ideología es el conjunto de ideas sobre la realidad: económica, lo social, política, cultural, moral, religiosa, tecnológica, etc. Hay ideologías conservadoras, mantener la realidad y, entre las que lo quieren cambiar, hay ideologías reformistas, reaccionarias o revolucionarias. Las ideologías suelen constar de dos componentes: una representación del sistema, y un programa de acción. La primera proporciona la base intelectual, a partir de la cual se analiza y enjuicia la realidad, comparándola en ocasiones con un sistema ideal. El segundo tiene como objetivo acercar en lo posible la realidad a lo ideal.

Es decir, es imposible no tener ideología porque afirmar que uno no tiene ideología ya es una afirmación ideológica.

Sin ideología definida, sin una base intelectual y un programa de acción, cualquier acción política corre el serio riesgo de ser engullida por otras ideologías más fuertes, con más base intelectual y con un programa de acción definido. Es lo que suele darse en las crisis y es lo que sucedió en la de 2008 y, sobre todo, en 2009, cuando una crisis de activos tóxicos de países centroeuropeos se transformó en una crisis de deuda pública de países periféricos.

La ideología define lo que se puede hacer. Así, fue posible esta noticia publicada por EFE el 24 de febrero de 2012: Los Gobiernos de los países miembros de la UE han tenido que utilizar 1,6 billones de euros entre 2008 y 2010 para rescatar a sus bancos, lo que equivale a algo más del 13 % del PIB de la Unión, informó hoy la Comisión Europea. En cambio, fue imposible intervenir en Grecia. Su deuda pública en 2009 era de 298.032 millones de euros, una ridícula parte del rescate bancario.

La diferencia no era de cantidad, sino ideológica. Una cosa se podía hacer; otra, no.

La ideología, se quiera o no, domina todos los aspectos. Cuando los gobiernos negocian legalizar la evasión de capitales, una palabra fea, lo llaman tratados para evitar la doble imposición. ¿Quién podría estar en contra de la doble imposición, algo que suena a doble penetración fiscal? En cambio, cuando los gobiernos hacen que los cuidadanos paguen por servicios públicos que ya debían ser financiados por los impuestos lo llaman copago en lugar de doble imposición. ¿Quién podría estar en contra del copago, algo que suena a colaboración?

Hace falta mucha ideología para cambiar un poco las cosas, para situar las infraestructuras energéticas o tecnológicas en la esfera de los servicios públicos, como las terrestres, las carreteras. Sin ideología, el posible cambio político se convertirá en un relevo generacional y no habrá nuevas palabras, sino nuevos formatos. Solo cambiaremos las personas que nos digan que las cosas no se pueden hacer.

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