Semiótica sureña

Es muy complicado encontrar una buena defición de pornografía.

La RAE define pornografía como “carácter obsceno de obras literarias y artísticas”. Curiosamente, el complemento nos indicaría que un vídeo casero, hagamos lo que hagamos, no es pornográfico, ya que no hay esa voluntad creativa. Pero sigamos. La RAE define obsceno como “impúdico, torpe, ofensivo al pudor” y pudor como “honestidad, modestía, recato”. Siguiendo el razonamiento, pornográficas son todas las obras artísticas o literarias que ofenden la honestidad, la modestia y el recato. La lista sería interminable.

Culturalmente, entendemos por pornografía una obra que contiene sexo explícito. Podemos llegar a un consenso sobre lo que es sexo, pero será más complicado acordar qué es explícito. Hay quien ve excesivo un desnudo y quien considera normal un trío. Nine songs, Fóllame o Romance X, donde se ven felaciones, penetraciones y eyaculaciones, se estrenaron en salas comerciales.

Es posible que la mejor defición de pornografía esté en las palabras de un juez sureño al prohibir la distribución en su condado de la revista Hustler: “Maldita sea, sé lo que es esa mierda cuando la tengo delante”. Sé lo que es por lo que me produce, pero soy incapaz de delimitarlo y, menos, con palabras. No es algo tan extraño.

Por ejemplo, El País acude a la semiótica sureña y sostiene que el populismo arraiga en Europa. El artículo, situado en el bloque sobre Podemos, no aporta ninguna explicación del concepto que, dato interesante, no tiene definición en el diccionario de la RAE. El País, como el juez sureño, sabe lo que es esa maldita mierda cuando la ven.

El artículo habla de “movimientos a contracorriente”, “grupos que explotan ese malestar” y “diferentes opciones eurófobas, populistas y antiinmigración”. ¿Podemos es una opción eurófoba o solo es crítica con el modelo actual de la UE?, ¿Podemos es una opción antiinmigración? Es probable que, siguiendo a la RAE, podamos calificar de pornográfico este artículo.

La respuesta se la da el propio artículo, en palabras de Takis Pappas, investigador de la Universidad de Salónica: “Esa categoría es como una gran cesta en la que metemos todo aquello que no nos gusta. Grupos como Aurora Dorada en Grecia o Jobbik en Hungría no son populistas, sino antidemocráticos”.

España no es el único país donde la ruptura del pacto social ha provocado cambios en el sistema político. En palabras del periodista Andy Robinson hay un discurso de “todo ha de saltar por los aires” que, para él, abarca desde los procesos de secesión de ciertos territorios a “Podemos en España o Syriza en Grecia, pasando (y salvando las enormes distancias) por la derecha populista en Francia y Escandinavia”. O el movimiento Cinco Estrellas en Italia, podría añadirse.

En toda Europa, la ira busca opciones políticas, pero querer unirlas en un conjunto más allá de este dato es una trampa. No hay más puntos en común. España, pese a que El País no quiera verlo, lo ha hecho de la mejor de las formas posibles. Podemos usa estrategias del populismo académico, como la sustitución del eje izquierda-derecha por el élite-cuidadanía, muy útil en sociedades poco socializadas políticamente y que han atravesado un proceso de empobrecimiento.

Es un populismo constructivo, llevado a cabo por gente preparada y dialogante, que tiene un proyecto más allá de echar la culpa a alguien y que no legitima ningún tipo de acción violenta. Es probable, y esa podría ser una crítica, que la amplitud de mensaje y el uso de la emoción, otras dos características, dejen un hueco enorme si no son capaces de responder a la expectativa y que otro grupo ocupe ese espacio.

Si El País quiere buscar populismo, puede hacerlo en todos los mensajes sobre la destrucción del sistema tributario con el mensaje “más dinero para las familias”; si El País quiere encontrar antipolítica o antidemocracia puede encontrarla en la construcción de la Unión Europea que sustrae a los cuidadanos su capacidad de decisión sobre política económica y social

El miedo de la gente de orden es comprensible porque nadie quiere dejar de tener importancia. Es probable que Juan Luis Cebrián, cuya gestión al frente de la editora de El País es pornográfica (ofensiva a la honestidad, la modestia y el recato) sude al leer la lista del Consejo Ciudadano de Podemos (26 años, 29 años, 23 años…) y, como ese juez sureño, cree saber lo que es por lo que le produce.

PD: Si tiene una hora, hoy que no hay fútbol, debería ver esto.

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