De la red de nubes a la tortilla recalentada

“Solo una red de nubes, una nube de redes. […] La red rodea a los intermediarios y establece conexiones directas; la red sitúa a todos los elementos en el mismo plano y los hace necesarios pero no, imprescindibles. La nube es el territorio; las cosas ya no necesitan estar presentes para existir. La agenticidad no sirve; no hay un mensaje, una institución o un líder que hundir” (Mayo, 2011).

Hace tres años y medio, en las plazas españolas, se concretó en un movimiento político el nuevo paradigma que el cambio tecnológico anunciaba. Fue el primer lugar del mundo. El modelo social-económico-político industrial llegaba a su fin. El cultural había sido el primero, pero el resto de sectores estaban igualmente amenazados: la energía, el periodismo, el comercio, la propiedad, etc.

También, la administración pública y los gobiernos. No solo se ponía en cuestión algún detalle menor sobre la configuración de los gobiernos (listas abiertas o publicación del patrimonio), sino su estructura, como en el resto de sectores: de los esquemas verticales y cerrados a redes horizontales y colaborativas. El objetivo no era ganar una elección, sino conquistar todos los partidos; no era alcanzar un cargo, sino construir un nuevo consenso. No se trataba de jugar de otra manera, sino escribir unas nuevas reglas.

Ese objetivo, lento, pero más amplio, provocó frustración en un amplio sector de la sociedad que quería que ese movimiento se concretara en una opción electoral a la que dar su apoyo sin entender que esa lixiviación contradecía el principal objetivo. No era un cambio de nombres, ni un cambio generacional, sino un nuevo paradigma que iba a afectar a todo.

Esa solidificación también se pedía desde la política industrial porque necesitaba concretar el cambio para atacarlo y, más aún, precisaba de un sedimento para poder medirlo y pesarlo.

La frustración fue aumentando con la gestión de la crisis económica iniciada en 2007 que provocó una fuerte ampliación de la precariedad y la miseria, atendiendo al consenso realmente existente, el de 1989.

2012, 2013. Aumentó la ira, se suplicaba concreción, se deseaba un cambio rápido, se hablaba de provocar un estallido. Limitar el objetivo del movimiento político nacido en 2011 a ser el detonador de un estallido o a ser el catalizador de un cambio rápido era limitarlo de una forma obscena. Además, las peticiones eran falsas. Se deseaba que la realidad fuera un sueño y poder despertar de ella. Tal cosa no es posible.

Pero sucedió. Hace un año, un grupo de personas, con formación teórica, pasado político y experiencia en comunicación, decidió captar esa energía para su proyecto particular, una desfachatez que nadie esperaba. Usaron a un partido existente, Izquierda Anticapitalista, y una cierta base proveniente de ese movimiento político. También, adoptaron parte de sus nuevas rutinas, sobre todo, la parte estética.

Como Podemos, se presentaron como la solidificación electoral de las plazas ante una sociedad inerme ideológicamente para entender la deriva y, por ello, iracunda y necesitada de novedades. Los buenos resultados de las elecciones europeas iniciaron un círculo virtuoso en el que la euforia retroalimentaba las proyecciones electorales, todo jaleado por las ganas de cambio. La gente que recordaba haberlos votado era superior al número de votos; era la proyección del deseo.

Pero el objetivo no era ese. La solidificación del movimiento político de 2011 provocó que todo el mundo lo pudiera ver, pero también una disminución de su energía global. Alguna gente del movimiento político de 2011, temerosa de que ese grupo colonizara todas las plazas, concretó otros movimientos municipales que pueden apuntar cosas interesantes. Si Barcelona logra no asfixiarse entre banderas puede convertirse en espejo político del mundo.

El grupo dirigente de Podemos, amenazado por su propio éxito y cuestionado por la horizontalidad, rutina de 2011, ha forzado el pasado fin de semana la evolución hacia un partido vertical y reconocible, un partido industrial. Las fotos recuerdan a la merienda del clan de la tortilla (González, Guerra, Chavez o Yáñez), disfrutando de la victoria en Suresnes. De la red de nubes (la nube de redes) a una tortilla recalentada. El cambio de reglas se limita a un cambio de juego, a un cambio de nombres, a un cambio generacional.

Hay quien ve en esa transformación la muerte de su esencia, pero el movimiento de 2011 no podía concretarse solo en un partido, así que esa esencia nunca dejó de ser un cadáver bien maquillado. Lo sucedido este fin de semana y su evolución posterior puede ser algo muy positivo para el movimiento de 2011 porque se desliga de ese proyecto político concreto y vuelve a evaporarse buscando su objetivo inicial: el cambio de paradigma.

PD: Escrito en mayo de 2011:

“Y ocurrió que éso se descargó en medio de la calle, en medio de la realidad, en medio del sistema (operativo, claro) e instaló su red de nubes, su nube de redes. No estaba claro lo que era éso: si un virus, un troyano, un juego, un programa u otro sistema operativo; si era el pasado o el futuro. No cabía en ninguno de los cajones en los que los que colocamos la la realidad tras trocearla. Había causas pero no había porqués. No había organizaciones, objetivos, mensajes o líderes. Tampoco se ajustaba a ninguna de las olas que usaba la sociedad líquida para amalgamarse y mojar los pies de la sociedad sólida. No había licuefacción. No había iconos, eslogans, imágenes o canciones, algo para poner en una camiseta. Solo una red de nubes, una nube de redes.

Nadie entendió que lo importante no era lo que significara o lo que proyectara, sino que había sucedido y había sucedido así. La red rodea a los intermediarios y establece conexiones directas; la red sitúa a todos los elementos en el mismo plano y los hace necesarios pero no, imprescindibles. La nube es el territorio; las cosas ya no necesitan estar presentes para existir. La agenticidad no sirve; no hay un mensaje, una institución o un líder que hundir. La taxonomía, tampoco porque puede atraparse el agua y el polvo pero el aire siempre se escapa”.

1 comentario sobre “De la red de nubes a la tortilla recalentada”

  1. Javier dijo:

    Aparte de que el aire sí puede atraparse, también se puede hacer con él algo más trágico y quizá por eso más humano: contaminarlo.

    Saludos.

    Javier

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