Mala cosecha

Otra recesión, leo. ¿Qué esperaban?

La sociedad de consumo no se puede centrar en la productividad tal y como la entienden los licenciados en MBA, el ahorro de costes a través de precariedad, despidos y deslocalizaciones, porque no se basa en la producción, sino en el consumo. Su fundamento es que haya grandes grupos de población con excedentes de renta para gastar periódicamente y esos grupos se están reduciendo drásticamente por la ausencia de coacción que lleva a un reparto excesivamente desigual de los recursos. Es algo que, en la práctica totalidad de especies provoca el colapso.

Los excedentes se han logrado tradicionalmente por tres vías. La primera es la actualización de los salarios (y la seguridad laboral, familiar y generacional); la segunda, los impuestos redistributivos (servicios sociales incluidos); la tercera, el crédito (barato, fácil o reversible). Ninguna de las tres funciona bien hoy. Los salarios se devalúan, la precariedad aumenta, lo mismo que la seguridad familiar y generacional (¿tendré pensión?, ¿podrán estudiar mis hijos?). Los impuestos universales y redistributivos están siendo sustituidos por tasas lineales y discrecionales o por la impunidad impositiva para algunos grupos. Por último, el crédito a cualquiera de las fases del sistema productivo (materias primas, industria o consumo) es débil porque la (auto)rentabilidad del sistema financiero es mayor. La reversibilidad del crédito privado estrangula domesticamente y ni siquiera funciona la inflación, el lubricante del consumo.

Hoy en día, el mundo está lleno de corporaciones anti-Ford, es decir, quieren producir cosas que sus trabajadores no puedan comprar. Son corporaciones que quieren producir en Bangladesh, pagar los impuestos en Bermudas y vender en Europa, ¿a quién?

En una sociedad agraria, una mala cosecha provoca una crisis; varias, el colapso. Si no hay consumidores, la sociedad de consumo no funciona.

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