Cosas que pasaron en Venezuela hace unos veinte años

El País publica un documento titulado Solidaridad con Venezuela en el que se lee: “La vida pública venezolana está siendo sofocada por los herederos de Hugo Chávez. Están tomando las funciones públicas como si fueran de su propiedad privada. Actúan como propietarios de Petróleos de Venezuela y de los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, fiscal y electoral. Han limitado crecientemente las libertades ciudadanas, comenzando por la de expresión. A la represión de las manifestaciones estudiantiles….”.

No llama la atención el contenido del texto, lleno de tópicos y con problemas como repeticiones o cambios de tiempos verbales, en defensa de unas élites quejosas de no tener ya el poder. Sí, que entre los firmantes esté Enrique Krauze porque él publicó hace años un libro en el que explicaba que Chávez solo había ocupado el sitio que le habían dejado y que no había hecho nada muy diferente de los que le habían precedido.

En el libro, de título desafortunado, El poder y el delirio, pero muy interesante, Krauze trataba de entender la llegada de Hugo Chavez al poder, la facilidad con la que había podido cambiar (casi) el modelo de estado y su continuidad. Salvo la parte dedicada a Cuba, era un libro poco militante, para lo que es Krauze, en el que se daba voz a políticos, periodistas e, incluso, gente cercana a Chavez.

El mensaje de la mayoría de la gente del prechavismo era claro: nos enterramos nosotros solos. Confiaban en la alternancia bipartidista (AD y COPEI) y en que la ciudadanía apreciaría la estabilidad que aportaba su alternancia. Cuando aparecieron los problemas de corrupción, pensaron que bastaba con negarlos, con aumentar el control político de la justicia y con tener controlados a los medios. En palabras de Vargas Llosa, pensaron que los poderes públicos eran de su propiedad. No vieron que se estaban cargando al poder judicial y al cuarto poder. Los dos que controlan.

Afirmaban que no habían sabido ver el problema de desigualdad y ataque a la clase media que provocaban las políticas ultras del FMI. Estas habían comenzado con el gobierno presuntamente socialdemócrata de Carlos Andrés Pérez por el problema de la deuda externa. Se decía lo mismo que hoy: no hay alternativa.

Los ajustes provocaron contestación que se reprimió. Pensaron que podían reducir todo el problema social a un problema de orden público y no supieron leer que el fin de la clase media era también el fin del biparpidismo. Es decir, que sociedad y política eran un ecosistema.

El Caracazo (1989) fue el punto culminante. Las protestas derivaron el saqueos y el gobierno sustituyó a la policía por el ejército. El número oficial de muertos fue de 276 muertos oficiales. El no oficial, más de 2.0000. Es una represión complicada de superar.

En las elecciones municipales de 1992 la AD, socialdemócrata, sufrió un duro revés a manos de su rival bipartidista, el democristiano COPEI, y de dos nuevos actores, los izquierdistas el Movimiento al Socialismo (MAS) y la Causa Radical (escisión del PC venezolano). En las de 1993 a Presidente de la República, AD rondo el 20%, 30 puntos menos que en las de 1988 (un 40% de abstención).

Entre 1993 y 1998, hubo muchos casos de corrupción, fuga de capitales y una crisis bancaria (con rescate público, nacionalizaciones, impunidad de los responsables y acusaciones sobre el descontrol del dinero público empleado). Crecía la miseria. Las cifras sobre pobreza son confusas (algunas hablan de más de la mitad del país), pero tengamos en cuenta que Venezuela venía de ser un país rico con una redistribución razonable.

Políticamente, nacían partidos que se unían en coaliciones. El bipartidismo se hundía y optó por dos cosas. En febrero de 1998, año electoral, el Consejo Supremo Electoral fue sustituido por el Consejo Nacional Electoral, teóricamente, para buscar más independencia. Para las legislativas de 1993, ya se había cambiado la fórmula de elección de los diputados sobrerrepresentación de las zonas menos pobladas. En palabras de Vargas Llosa, actuaron como propietarios del poder electoral.

También buscaron una gran coalición. AD y COPEI se retiraron de las elecciones de 1998 y apoyaron a Salas Römer, del Proyecto Venezuela. Perdió contra Hugo Chávez, que lideraba la coalición V República.

Hugo Chávez dispuso de una gran capacidad de acción. Primero, no tenía los habituales controles porque los gobiernos precedentes los habían difuminado. Bien, aumentando la capacidad de actuación del legislativo, como el judicial o el electoral; bien, por desprestigio, como los medios de comunicación. Chávez pudo (casi) cambiar el modelo de estado, que no el social ni el económico, porque sus predecedores lo habían hecho.

Desconozco si lo que vendrá en España se parecerá al chavismo (soy más de Gramsci), pero sí sé que lo que hay tiene algo que ver con la Venezuela antes de ser República Bolivariana. Todo lo que se hace para que un régimen perviva puede ser aprovechado por el siguiente para consolidarse, pero parece que nadie lee.

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