Rajoy quiere ser Brasil

Dice la prensa que Rajoy quiere cambiar el sistema de elección de los alcaldes. Leo en Infolibre: Rajoy, invita a reflexionar sobre la necesidad de entregar los ayuntamientos a aquellos que hayan sido “votados por el pueblo” y abre la posibilidad de aceptar una segunda vuelta. Todo humo.

El 13 de julio de 2007, hace siete años leíamos:

Rajoy quiere reformar la ley electoral porque la actual está “caduca”

El presidente del PP, Mariano Rajoy, garantizó hoy que incluirá en el programa de Gobierno con el que se presentará a las próximas elecciones generales la reforma de la ley electoral ya que la actual, dijo, está “caduca, pasada de moda e interpreta de forma curiosa el sistema democrático”.

Vamos a ver dos ejemplos de lo que Rajoy llama forma curiosa de interpretación del sistema democrático. En 1987 las elecciones al Parlamento de Aragón dieron el siguiente resultado: PSOE (27), PAR (19), AP (13), CDS (6) y CAA-IU (2). El presidente fue D. Hipólito Gómez de las Roces del PAR, respaldado por AP. Cuatro años después, las elecciones dieron este reparto: PSOE (30), PAR (17), PP (17) y CAA-IU (3). D. Emilio Eiroa Garcí­a, del PAR, tras la renuncia de Gómez de las Roces, fue investido presidente con el apoyo del PP. Vaya, el respeto al “voto por el pueblo” no era importante.Las palabras de Rajoy son humo y revelan más un deseo de quitar legitimidad a cualquier pacto de los demás que a una voluntad firme de cambiar la ley electoral.

La Ley Orgánica 5/1985, del Régimen Electoral General, es la que regula las elecciones al Congreso y Senado, las elecciones municipales y las elecciones al Parlamento Europeo. Según esta ley, los electores no eligen a su alcalde, salvo en pueblo muy pequeños, sino a la corporación y esta vota al alcalde de entre los concejales “que encabecen sus correspondientes listas”. En las Generales, tampoco se elige al presidente, sino al legislativo y este propone un jefe del ejecutivo al jefe del Estado. Nos acordaremos de esto dentro de año y medio cuando el Parlamento sea un carajal.

El presidente del Gobierno o el alcalde puede ser el cabeza de lista de la formación más votada u otra, como en Madrid, cuando Rodríguez Sahagún, del CDS, fue elegido alcalde con los votos de su partido y del PP, por delante del PSOE, primera fuerza política.

El PP quiere ahora que gobierne la fuerza más votada. Perfecto. Bildu, la formación con más poder municipal en el País Vasco seguro que agradece una ley que le ahorre tener que negociar con el resto de fuerzas. Incluso esta idea, pensada para evitar coaliciones postelectorales de izquierda, puede catalizar la formación de coaliciones preelectorales y facilitar su acceso al poder. En Barcelona, Guanyem puede tener el 33%; ERC, 27%; CiU, 19%; Ciutadans, 11%; PP, 5% y PSC 5%, el mínimo para entrar en una corporación local. Según esa reforma electoral, ya está todo claro.

La lista más votada… ¿independientemente de la composición de la corporación? Podemos tener alcaldes con dos tercios de la corporación, que es quien aprueba el presupuesto, en contra. ¿Poderes ejecutivos especiales para los alcaldes que les permitan saltarse a la corporación? Perfecto. Los leninistas seguro que se lo agradecen (agradecemos).

La información habla de dos vueltas; es decir, la corporación se elegiría en dos vueltas a las que se presentarían partidos o coaliciones. Perfecto, pero Rajoy tiene que tener en cuenta que esta legislación provocaría la casi desaparición del PP de ciertas zonas como el País Vasco o Catalunya. No es una formación con la que, en ciertos sitios, uno quiera concurrir a una segunda vuelta. Quizá, también, el PSE o el PSC. Es decir, esto no solo cambiaría el mapa político, sino el social.

Este sistema, además, puede movilizar el voto negativo. Es decir, no sé cuánta gente puede apoyar a los candidatos de la izquierda en Madrid, Sevilla o Valencia, pero la posibilidad de echar a Botella, Zoido o Barberá es muy golosa y puede sacar de casa a muchos indecisos. También provocaría la desaparición municipal de partidos más pequeños. Es extraña la efusión con la que Rosa Díez ha apoyado el tema. La única explicación es que quiere conocer a toda la militancia de su partido.

Otra posibilidad es la desaparición de la corporación y la elección de un alcalde ejecutivo, tipo estadounidense. Perfecto también, pero eso significa que la oposición se va a su casa y espera cuatro años a presentar otro proyecto. No habría concejales ni carromeros. Y tendríamos también a la desaparición del PP, y el PS, de muchas zonas del estado.

Nadie ha pensado en eso porque, en general, nadie ha pensado en nada. La gestión del fin de la justicia universal o la abdicación hace pensar en una ley con muchos agujeros.

Cualquier cambio en la ley electoral puede provocar efectos indeseados. El PP no quiere reformar la ley electoral para mejorar la representatividad, sino para conservar el poder. Quiere no perder. Quiere ser el Madrid o Brasil. Quiere una ley que diga que tiene que ganar el PP y, si no hay más remedio, otro miembro del Partido del Orden. De momento, eso no es posible. De momento, recalco.

PD: Leo hoy en El País: “El PP, que ahora gobierna 40 de las 52 capitales de provincia, teme perder la mayoría absoluta en muchas de ellas en 2015. Y eso, con el fraccionamiento del voto de la izquierda, podría dar paso a muchos gobiernos de coalición PSOE-IU-Podemos, por ejemplo”. Hacer cálculos electorales aplicando las normas de mañana a los datos de hoy es hacerse trampas, y no revela mucha visión.

Deje un comentario