Mear en el mar (o cambiar el curso del río)

Decía hace un año que, “de esa realidad, no debe deducirse la desesperanza. Si no hay actores que puedan liderar un proceso, habrá que trabajar para crearlos. Las personas favorables al cambio deberán hacer un esfuerzo y buscar esos procesos de convergencia con consensos y negociaciones, y establecer un marco ideológico común. Solo así se consiguen las cosas. Lo otro es mear en el mar”.

Mear en el mar es algo placentero. Basta ver la cara de felicidad de los jubilados cuando, con el agua a media pierna, se agachan y siguen a Bruce Lee: be the water. Al alivio inmediato, se une la mejora de la temperatura particular y la certeza de que el resto de bañistas compartirán, quieran o no, su parte de él. Mear en el mar es algo tan placentero e inútil como ganar una discusión en el bar o colarse en una rotonda.

Otra cosa es cambiar el curso del río, para lo que se necesita pensamiento y ejecución; ingeniería y trabajo.

Las elecciones europeas han provocado la aparición de un nuevo actor, Podemos. De entrada, su efecto ha sido limitado: recambio generacional. Igual que hace cuarenta años se agotaron las camisas blancas para sustutuir a las azules, asistimos al acaparamiento de crecepelos y cremas rejuvenecedoras.

El desafío es el cambio estructural. Estamos cambiando a los jugadores; no, el terreno de juego, dice Renzi. Pues se trata de lo contrario. “El debate ahora es el de proyecto político, luego las caras. Si lo hacemos al revés es un maquillaje”, dice Alberto Garzón. La sociedad no ha realizado un giro ideológico, sino social. Ha girado a la precaridad, a la miseria, al cabreo o a la desilusión. Hay que llenarlo de contenido y programa, de ingeniería y trabajo; hay que encauzar la emoción.

No se trata de conseguir un maquillaje: bajar 10 euros la factura de la luz o negociar la paralización de los cortes en invierno. Se trata de legislar un nuevo modelo en el que la energía sea considerada un bien público y las actuales empresas sean sustituidas por agencias públicas. No es imposible. Se trata de centrarse en cambiar el terreno de juego en lugar de deslumbrarse por la novedad de los rostros. No es imposible, pero es improbable porque la emoción prevalece.

El nuevo actor, Podemos, no aportará un cambio estructural y, aún más, será un cordón sanitario que lo impedirá y, en lugar de atraer a la socialdemocracia al cambio, empujará la creación de la Coalición del Orden. Su vocabulario, no su programa, fuerza la contracción del eje político y la movilización del electoral del otro espectro. Ese efecto explica, en parte, la promoción que reciben por parte de grandes grupos de comunicación. Sé que es desagradable, pero imaginemos que un actor similar en la derecha hubiera conseguido cinco eurodiputados.

Pero ese nuevo actor sí ha abierto un camino a través de un cambio estructural en la organización política. Se facilita la aparición de nuevos proyectos que pueden convertirse en actores. Se reducen los tiempos y se amplían las bases gracias a un modelo flexible: grupo dirigente con experiencia en la movilización, estructura reducida, abierta y comprometida, y base difusa. Se trata de proyectos que precisan de mucha generosidad y mirar a largo plazo.

Es posible que la mejor decisión que pueden tomar actores como los partidos políticos ya existentes sea dar un paso atrás: promover la participación de sus militantes en la dirección o la estructura, y limitarse a formar parte de la base sin concurrir. Sé que resulta complicado tomar la decisión de no presentarse a las elecciones, pero es posible que sea la decisión más inteligente. No siempre hay que dar todas las batallas.

Ese proyecto político debería concretar, el ámbito munipal lo permite, el cambio estructural: gestión pública de los servicios, reforma del sistema impositivo o desglobalización de los relaciones económicas. No basta con cambiar a los jugadores, las caras. No basta con una renovación generacional y que surjan un nuevo Felipe o un nuevo Cebrián. Se trata de cambiar el terreno de juego y que no puedan surgir nuevos cebrianes porque la estructura de los medios haya cambiado. Que todos dejemos de mear en el mar y comencemos a pensar en cambiar el curso de río.

Compicado, pero no pierdo la esperanza.

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