Últimas tardes con Cánovas y Sagasta

Decía hace un año: “Lo previsible es que no pase nada, salvo una pequeña regeneración, más estética que estructural. La política española vivirá un recambio generacional que disipará los rostros del malestar y quitará algo de caspa. […] Ese recambio se combinará con benevolencia judicial para no prolongar el relato y la ciudadanía, acostumbrada a la pasividad política, dejará hacer. Borrón y cuenta nueva”.

El recambio generacional está en marcha en el sistema de la II Restauración. El “nuevo tiempo” de la proclamación del nuevo Rey es, en lenguaje poético, “borrón y cuenta nueva”. Cuando está al lado de F6, Rajoy, Sagasta, tiene cara de Arias Navarro y, si pudiera, el nuevo Rey le diría lo del “desastre sin paliativos”. Soraya, y sus sorayos, piden paso. Rubalcaba, Cánovas, se ha ido y el PSOE se ha entregado a unas primarias de las que saldrá alguien que no hizo la reválida. El cambio generacional, Zapatero Reloaded, para evitar la necesidad de cambio estructural.

Queda la benevolencia judicial. Ya no lo tengo tan claro. La II Restauración aún cree que puede hacerse mediante un sistema de equilibrios de balanza romana; es decir, Gürtel a cambio de los Eres y Bárcenas a cambio de UGT. Sería un error porque la sociedad está ya muy alejada, forzada o a propia voluntad, de ese espacio común y ven la balanza como algo ajeno.

La estabilidad tampoco se asume como un bien mayor porque es un concepto cada vez más privatizado. Hace años, había un cierto consenso en la defensa de las instituciones como bien mayor, pero es algo que ha decaído. La ciudadanía, empujada a la precariedad o a la miseria, no se siente concernida al no sentirse amparada. Y, además, el propio sistema se ve afectado por su propio mensaje. No se pueden escupir los beneficios de la inestabilidad (el emprendimiento, la movilidad, la reinvención) sin que le caiga un poco en la cara.

El mayor activo de la gente que desea un cambio estructural es la grieta que abren los propios miembros del sistema en su búsqueda de la impunidad de otros miembros. Son una enfermedad autoinmune. Los esfuerzos de la Agencia Tributaria, la Fiscalía, el Presidente o un Padre de la Constitución, un portador del Anillo, para salvar a la Infanta hacen más por el cambio de modelo de estado que cien manifestaciones.

Recambio generacional y benevolencia judicial. Borrón y cuenta nueva. Todo estético. “El debate ahora es el de proyecto político, luego las caras. Si lo hacemos al revés es un maquillaje”, dice Alberto Garzón.
Estamos cambiando a los jugadores; no, el terreno de juego, dice Renzi. Pues se trata de lo contrario, el proyecto. No basta con cambiar a los jugadores, las caras. No basta con una renovación generacional y que surjan un nuevo Felipe o un nuevo Cebrián. Se trata de cambiar el terreno de juego y que no puedan surgir nuevos cebrianes porque la estructura de los medios haya cambiado.

Igual que hace cuarenta años se agotaron las camisas blancas para sustutuir a las azules, asistimos al acaparamiento de crecepelos y cremas rejuvenecedoras. Hace cuarenta años, todo el mundo había militado en el PCE, LCR, ORT o similares y nadie había asistido nunca a la Plaza de Oriente; hoy, todo el mundo estuvo en Sol, o quería estar o lo vio venir o qué sé yo. Todo el mundo quiere un flotador para no ser arrastrado.

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