Encerrados con un solo juguete

En el centro del escenario estaban la corona, el cetro, el toisón, el fajín, la Constitución y, junto a ella, la estabilidad. También, el presidente del Gobierno, la vicepresidenta, vestida de Karina, y todos los ministros, todos; los presidentes del Congreso y el Senado, los presidentes del Tribunal Constitucional y el Supremo, el Fiscal General del Estado, el Consejo de Estado, todos los presidentes autonómicos, todos, en serio, y hablando entre ellos además. Y, en un rincón discreto, la estabilidad.

No faltó el jefe del Estado Mayor del ejército, los jefes de los tres cuerpos del ejército, el nuncio del Vaticano, el presidente de la Conferencia Episcopal, los presidentes de las Reales Academias, los sindicatos, la patronal y, en medio de ambos, la estabilidad. Incluso, los expresidentes y los ponentes vivos de la Constitución, y la estabilidad que parieron.

Y, en segunda fila, la bajada de la prima de riesgo, la mejora de la productividad, la marca España, la subida del turismo, el regreso de la inversión, la prometida bajada de impuestos, los brotes verdes, el estamos saliendo y la estabilidad. La estabilidad junto a la estabilidad y al lado de la estabilidad. Cuarenta años después, el libro que mejor describe el panorama político español vuelve a ser Encerrados con un solo juguete de Juan Marsé.

Y las 120.000 banderas o las 6.000 flores de Ana Botella o las 50.000 fotografías de la patronal madrileña, presidida por Arturo Fernández, el de Bankia, no el de chatina. Los reyes suelen caer más por los abrazos de los cortesanos zalameros que por los empujones de los sediciosos republicanos.

No había necesidad de convertir todas las portadas de los diarios en el vestido de Monica Lewinsky. No había necesidad de controlar tanto al personal para evitar banderas tricolores porque se vio más cemento que en la final de la Europa League. El excesivo servilismo infantiliza a las instituciones al despojarlas de la responsabilidad y los límites que, como cualquiera que haya visto alguna vez Supernanny, son la base de la madurez. En su discuso, el nuevo Rey se mostró bastante más humilde, más inteligente, que lo que le estos días le han sugerido sus cortesanos.

En el discurso real hubo mucha más perspicacia, finezza política, que en las tertulias. Habló de convivencia, el acuerdo, de los valores de la Transición, pero de varias cosas más. Al mencionar los derechos y libertades recogidos en las leyes, no habló de defenderlos, sino agrandarlos, algo que te puede costar una identificación en cualquier otro lugar de España. Dedicó varios párrafos a pedir una “conducta íntegra, honesta y transparente para lograr autoridad moral”. Desde la tribuna, escuchaba Miquel Roca, el abogado de su hermana Cristina. En un párrafo que podría haber sido escrito en la redacción de La Vanguardia dijo: “Las lenguas constituyen el acceso al conocimiento de los pueblos”.

La historia del mundo es la de la estabilidad. Cuando solo la tienen unos pocos y deben encerrarse con ella y necesitan defenderla con uñas y dientes, con 7.000 policías por ejemplo, suele suceder que los que tienen inestabilidad comienzan a tener ganas de que todo el mundo la comparta. El desafío que existe es defender la estabilidad de la propia estabilidad.

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