Nada que celebrar

En política, mi ilusión se resume en tres letras: BOE. Creo que la política necesita de una fundamento intelectual, un cuerpo ideológico, una estructura organizada y una base social, pero siempre con el objetivo de hacer las leyes o influir en su elaboración. Creo que es importante parar un desahucio, pero lo es más establecer un consenso intelectual sobre la prioridad del derecho a la vivienda sobre la estabilidad del sistema financiero y que este se concrete en una ley.

No creo en la política relacionada con sentimientos. Ni la ilusión, ni el cabreo. Ambos, tras el fogonazo, acaban en la decepción y la pasividad porque los tiempos institucionales no se adaptan a los psicológicos. En los liderazgos carismáticos, menos. El personalismo es providencialista y necesita adhesiones y fe; poca realidad y mucho sentimiento.

La realidad me hace pensar que toda opción de cambio desde la izquierda precisa de un intercambio con los restos de la socialdemocracia: infraestructura a cambio de superestructura; renovación ideológica fuera del consenso liberal del 89 a cambio del aprovechamiento de su red de poder. Convencer a la socialdemocracia que de sí hay alternativa a las actuales políticas, pero no pasa por una vuelta al keynesianismo. La opción griega, el suicidio de la socialdemocracia, precisa de un grado de devastación no envidiable.

Era un buen momento. El PSOE iba a cosechar unos malos resultados que iban a provocar la esperada renovación. Con unas buenas cifras, a partir de diez eurodiputados lo eran, IU podía influir ese proceso. Aunque no lo parezca por los hitos, las transformaciones políticas nunca son explosivas y funcionan por pactos, cesión de intereses y decantamientos.

Pensar que se puede forzar un cambio del consenso del 89 o del consenso de la transición sin pactar con parte del continuismo para provocar su decantación es una de las ingenuidades que aborta cualquier posibilidad de avance. Los movimientos idealistas suelen caer en el subjetivismo de hipervalorar su propia amplitud y fuerza, y creen que el decantamiento social se producirá por una cuestión de pureza moral. Nunca es así.

Tras influir en el proceso interno, IU podía llegar a acuerdos con el PSOE renovado para que el inicio de nuevo consenso accediera a los espacios de poder durante el próximo año. Primero, autonómico y local; después, estatal. A través de las instituciones se podría no tanto revertir el proceso de desmantelamiento del consenso del 45, sino construir uno nuevo.

IU no ha conseguido esas cifras. Sobre todo, porque una cierta artrosis interna le impide interiorizar la energía que sus propios militantes, y dirigentes, crean en los movimientos sociales. También, el conformismo con los pequeños avances y la poca asimilación de los códigos de la posmodernidad. No se puede ser tan sólido; hay que ser un poco líquido y un poco gaseoso. Hay que dejar la solidez para poder apropiarse de algo tan amplio como el 15M. Hay que dejar la solidez para hablar de revolución mientras se elige el momento divinity del día.

Otro factor ha sido la irrupción de un nuevo partido. Con un fuerte componente generacional en un espacio político similar, este hecho augura el estallido de una nueva lucha interna. Los resultados de la Comunidad de Madrid, y las reacciones posteriores, indican que hay gente en IU que ha repartido sus huevos en dos cestos.

Sería deseable que se crearan espacios comunes, pero ese proceso no puede significar convertir en humo la base ideológica e histórica de IU (PCE), como sucedió en Catalunya con el PSUC. Tampoco, renunciar a esa base o a la estructura por un liderzago carismático. El espacio común debe significar renovación de cargos y de procedimientos, pero no quiere decir aceptar órdenes. Ningún consultor, interno o externo, debe imponerse a la militancia y esta puede ser que no rebose entusiasmo por la modernidad líquida.

El PSOE podrá realizar su proceso de renovación sin influencias externas por la debilidad de IU y el vocabulario no compartido con la nueva formación. El PSOE no recuperará la posición hegemónica del consenso del 45, pero no se habrá realizado ese intercambio con la izquierda y seguirán dentro del consenso del 89. Además, el sistema electoral incentiva ese inmovilismo; sin llegar al 50% de los votos, los dos grandes partidos pueden lograr el 70% de escaños en las Generales. Botín, por decir un nombre, no tiene ni media pulsación de más.
Es probable que la progresía compasiva de la renovada nueva dirección sea un alivio para un país empobrecido y que, si se produce otro cambio generacional en el PP, la situación de Catalunya ejerza de excusa para una gran coalición que no se explicitará. También es posible que el nuevo PSOE llegue a acuerdos con esa IU debilitada, que no podrá realizar esa persuasión ideológica y será solo un compañero de viaje.

Por eso, no hay nada que celebrar. La izquierda está hoy más cerca de la revolución pendiente, pero más lejos del BOE, que es donde se realiza el cambio social. Enhorabuena a los promotores.

4 comentarios sobre “Nada que celebrar”

  1. José-Luis dijo:

    Te veo triste amigo Dioni. Y es que os están comiendo la merienda, los unos y los otros.

    El PP con su reforma fiscal, la que implantó nada más llegar (aquel diciembre de 2011). Que superó con creces los planteamientos de la mismísima IU.

    Y ahora irrumpe con fuerza la opción política de Pablo Iglesias, a la izquierda de la izquierda, que os deja como unos neoliberales cualquiera.

    Malos tiempos para políticas sensatas, de las de hacer, querer hacer y tener dinero para hacer. Este tipo de políticas se pueden conseguir, pero con el más elemental y menos frecuente de los sentidos, el sentido común. No obstante, dudo mucho que lo veamos, en estas dos Españas en las que vivimos (la mía y la que no es la mia) lo más probable es que antes de ver eso, un consenso de todos los partidos políticos, nos molamos a palos.

    Buenos días.

    JL

  2. jorgedioni dijo:

    Se ha perdido una oportunidad, pero nada más. La política no me entristece. Seguiré leyendo y escribiendo, que es lo que hago, aunque sigo luchando con mi misantropia para dar un paso más. Un abrazo

  3. tarantamocos dijo:

    Curioso, ¿Consideras que en Catalunya se ha convertido en humo de la base ideológica e històrica del PSUC?
    Disparidad de percepciones, yo creo que con ICV y EUiA se ha hecho aquello que tú reclamas de ser algo más líquido y gaseoso sin perder del todo la solidez

  4. jorgedioni dijo:

    Yo creo que enterrar el PSUC, con historia y capacidad de análisis, fue un gran error. ICV era muy líquida. Se adoptó la defensa de todas causas perdiendo el análisis económico y la perspectiva de clase (marxismo aparentemente viejuno). Además, provocó una división que se ha tardado tiempo en solucionar.

    Un abrazo

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