Ir por libre

En España, no se puede ir por libre. Los empleados de Renfe que cobraron sobrecostes por la obra de La Sagrera tendrían una buena perspectiva judicial si hubiesen repartido su comisión empotrándose en alguna trama ya establecida. O, por ejemplo, si uno quiere insultar e ir diciendo por ahí “gordo, puta o negro” con boca pastosa no puede hacerlo en la grada de un estadio, sino dentro de la disciplina de partido o de las páginas de un diario.

Por ejemplo, tenemos a un montón de madridistas que no tuvieron forma más torpe de mostrar su cabreo por la derrota de su equipo en la final de la Euroliga contra el Maccabi de Tel-Aviv que soltando exabruptos. Para completar el cuadro clínico, diversas asociaciones de la comunidad judía presentarán una denuncia colectiva contra 17.500 usuarios de Twitter que publicaron comentarios antisemitas.

Contrasta esa celeridad contra los gorgojeos de un montón de particulares cabreados con el silencio terrible que tuvieron estas asociaciones hace un año cuando la delegada del gobierno en Catalunya distinguió a la a Hermandad de Combatientes de la División Azul, que luchó junto a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Seguro que esas diversas asociaciones de la comunidad judía no desconocen que esas potencias del Eje hicieron algo más que publicar comentarios antisemitas.

El problema no es lo que se hace. El problema en España es ir por libre. Si uno quiere insultar, que se busque una columna en un diario.

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