Entre Ítaca y el Maelstrom

El ABC lo dejó claro hace cuatro años: El Tribunal Constitucional permite la celebración de consultas populares. Referendums, no; pero consultas, sí. Añadía ABC que podrán realizarse «consultas no referendarias en Cataluña, mediante las cuales se recaba la opinión de cualquier colectivo sobre cualesquiera asuntos de interés público a través de cualesquiera procedimientos». Cualesquiera, qué hermosa palabra.

El cierto que, en esos cuatro años, el Govern no ha tenido a bien desarrollar una Ley de Consultas. El 19 de marzo de 2013 el Parlament admitió a trámite la proposición de ley que aún no ha visto la luz. ¿Dónde está? Camino a Ítaca. Ese es el rumbo político que la CEDA catalana (CiU/La Vanguardia) busca desesperadamente desde que comenzó a vislumbrarse el puerto del nueve de noviembre.

La táctica de crear una conciencia nacional con un proyecto político emotivo ha logrado disolver los profundos problemas sociales de Catalunya, una de las zonas donde más se ha extendido la miseria y donde más se notará el período de depresión económica que estamos comenzando. La desaparición de las cajas catalanas, motores de las zonas productivas, como el Vallès o el camp de Tarragona, no saldrá gratis. La Caixa puede tirar de La Vanguardia; pero no, de todas las pymes de Sabadell.

“Si no podemos hacer una consulta pactada, tendremos que hacer unas elecciones plebiscitarias”, dijo el jueves Artur Mas. Si él puede hacer algo, ¿para qué quiere pactarlo? Para no hacerlo. Es una táctica mediterránea de la teoría de juegos basada en la permanente incorporación de actores o condiciones para postergar las cosas. “Si eso ya lo hablamos luego u otro día” sería el resumen.

Es decir, no habrá consulta y se celebrarán elecciones, que él querrá que fueran plebiscitarias y se vestirá bolivarianamente con el chándal patrio, pero la gente votará lo que quiera. Unos, soñando o pesadilleando con el futuro estado; otros, los menos, pensando en la miseria que los desvela.

La composición del Parlament no será sencilla. Una encuesta de La Vanguardia, las más fiables hasta el momento, daba este resultado: ERC (37-39), CiU (34-36), Ciutadans (15-17), PSC (14-16), PPC (13-14), ICV (12-14) y CUP (6 -7). Es interesante ver que, en los cuatro años de proceso, CiU se ha dejado la mitad de escaños (62, en 2010). El PSC, más.

Llevo tiempo defendiendo que, tras esas elecciones, se produciría un compromís històric entre CiU y PSC para embridar el proceso y devolver la nave camino a Ítaca, pero no será posible con esos números. Y todas las opciones, salvo la gran coalición, primero y segundo, son contranatura.

Podría haber un Front d’esquerres, ERC, PSC, ICV y CUP, que optase por ralentizar el proceso de soberanía a cambio de una activa política social: recuperación de la sanidad y la educación, reforma del sector energético, eliminación de las subvenciones a los sectores empresariales parasitarios y extractivos y apuesta por los productivos, etc. Por ejemplo, dejar de subvencionar a los colegios del Opus Dei, pagadas puntualmente pese a los problemas de tesorería, para ampliar las becas comedor y que todos los niños pueda comer. Comer, qué demagogia; tener casa, qué populismo. Para que tal cosa se produjese el PSC debería preferir leerse sus estatutos en lugar de buscar puertas giratorias, como Marina Geli. Lo dicho, contranatura.

La gran coalición no aclararía nada. ¿La reactivación del proceso con una nueva convocatoria de consulta?, ¿cena recalentada? El próximo 11 de septiembre necesita un otro paso tras el éxito de la vía catalana, una foto más ambiciosa. Pero todo movimiento basado en la estética llega a un punto ciego; tras el cuadro negro sobre fondo blanco, solo puede pintarse el cuadrado negro sobre fondo negro o el cuadrado blanco sobre fondo blanco.

La política catalana, devorada durante años por la metáfora de Ítaca, apunta a un Maelstrom, remolino hipnótico. “No hizo falta más que un día para transformar mis cabellos negros en canas, debilitar mis miembros y destrozar mis nervios”, decía el cuento de Poe. Los perdedores, CiU y PSC, bases del turno catalán de la segunda restauración española, corren serio peligro de implosionar. El primero, dividirse en CDC, para ocupar el terreno de ERC, y UDC, para ocupar la moderación. En el segundo, PSC, habrá tensiones para que deje de ser un partido autónomo.

La cena recalentada sería algo de difícil digestión en Catalunya, pero que se ajustaría a una estrategia planteada por Faes y recogida por La Vanguardia, dos de los padres del proceso: llegar a los procesos electorales de 2015 con la tensión territorial en todo lo alto. Anticatalanismo para evitar las durísimas derrotas de Madrid y Valencia que dejarán a miles de carromeros en la calle y sin puertas a las que llamar porque estamos en una depresión que durará mucho tiempo. No es probable que todos los cesantes del PP tiren por la calle de enmedio, pero tanta gente cabreada es imprevisible políticamente.

La cosa se va a poner peor. Lo digo ahora que aún no es delito.

1 comentario sobre “Entre Ítaca y el Maelstrom”

  1. javier dijo:

    Muy bueno, Jorge.
    Saludos.

    Javier

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