El molino y el barco

Para animar a los ciudadanos a que entreguen a las élites el capital que aún tienen, prolifera el culto a la figura del emprendedor. Se difunden historias de éxito y se explican historias nacidas en un garaje. El problema es que el modelo económico español no es el emprendedor, sino el hidalgo, que no aspira a inventar nada, sino a lograr una concesión.

La metáfora es el molino. Una infraestructura ya hecha cuya gestión depende de la administración. A través de un enchufe o varias prebendas, el hidalgo logra la concesión. Como todos los campesinos de la zona están obligados a moler su trigo en el molino y todos tienen que pagar una tasa similar, la sisa, solo hay que sentarse a poner el cazo donde repique el dinero. Es el modelo empresarial español que ahora reproducen con fidelidad las empresas de energía. La sisa y el cazo se llaman marco regulatorio estable.

El emprendimiento necesita otro tipo de metáfora, el barco. Un grupo de personas se junta, pone dinero para fletar un barco que traiga cosas para vender, reúne una tripulación y allá que se van. Si la cosa sale bien, se hacen ricos; si no, se arruinan. Para evitarlo, surgen otros grupos. Hay unos que prestan el dinero que necesita el barco para zarpar a cambio de pagos periódicos; otros, a cambio de esos pagos periódicos, aminoran la pérdida. Otros escriben un papel para contar qué va a traer ese barco. Salvo catástrofe o estafa, nadie pierde todo el dinero. Es el modelo empresarial inglés y la razón de que el centro financiero, periodismo incluido, esté en Londres.

El sistema económico también afecta a la relaciones laborales y sociales. El molino es extractivo y el barco, explotador. El molino necesita de la fuerza para mantenerse. Y también, de una fuerte administración para mantener el sistema extractivo: policía, escribanos, jueces, legisladores.  El barco precisa de poca administración porque dificulta la llegada del barco y la venta de los productos, pero muchos acuerdos para mantenerse, y de un ejército de soldados, cartógrafos, ingenieros, comerciantes etc.

Promover el emprendimiento en España es otra rapiña. Es otro molino. La gente llevará allí sus últimos sacos de trigo, la capitalización del paro, la indemnización, la hipóteca de los padres, etc. Y, antes de que pueda lograr una harina que le costará dios y ayuda vender, tendrá que pagar la sisa a los nuevos hidalgos, los carromeros.

2 comentarios sobre “El molino y el barco”

  1. javier dijo:

    Bravo!
    Diáfano.

    Saludos.

  2. Felipe Cuenca dijo:

    Impresionante, Jorge. Agudo, ágil, gustosamente digerible, perspicaz, me has hecho adentrarme por tus líneas con la sensación vertiginosa de acompañar en el camino a un fino observador y no menos analista de la realidad, que sintetiza un vasto saber con la maestría de un experto con estilo literario impecable.
    No sé por qué, pero presentía que debía de invitarte con mayor firmeza a que nos hicieras partícipes de tus reflexiones. Me complace haberme quedado corto. Abrazos, Felipe.

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