Sin mapas, no entendemos nada

Recuerdo este texto: En La Cartuja de Parma, la segunda gran novela de Stendhal, el joven Fabrizio Del Dongo participa en la batalla de Waterloo sin enterarse de nada. Vestido con un traje de húsar que le viene holgado y protegido por una cantinera que vende aguardiente a los soldados, el inquieto Fabrizio ve caer de cerca algunas balas de cañón, oye el terrible lamento de los heridos, cabalga durante unos minutos junto al mariscal Ney -el gran perdedor de Waterloo-, le roban el caballo y, en plena desbandada francesa, es herido por soldados de su admirado Napoleón. Una familia flamenca con la que habla por señas le salvará la vida. Ha participado en la gran batalla de Europa con mucha pasión y sin entender nada (E. Juliana / 24/06/2012).

Y pienso en Kiev.

Las ganas por asistir a un acontecimiento histórico, por estar allí cuando pasó, hace que se dé relevancia al acontecimiento, la puesta en escena sin contexto y se desee el cambio, sin pensar en su proyección. Lo más honesto sería decir, como Del Dongo, no me estoy enterando de nada.

Y pienso en mapas.

Sin los mapas de los gaseoductos, junto con las biografías personales de los oligarcas nacidos con la creación del nuevo estado en 1990, no entendemos nada.

Sin los mapas de las acciones militares de la 14.ª División de Granaderos SS, la Galizien (colores azul y amarillo) y el Ejército Insurgente Ucraniano, colaborador intermitente de la anterior y rehabilitado por los llamados partidos proeuropeos, no entendemos nada.

Sin conocer el Holodomor no entendemos nada.

Sin los mapas de la guerra civil rusa y la polaco-soviética, donde nace el actual país, no entendemos nada.

Sin conocer el Hetmanato creado por los alemanes en 1918 por el pacto Brest-Litovsk no entendemos nada.

Sin los mapas del Imperio Austro-Húngaro, donde la actual Ucrania estaba dividida y Rusia fomentaba el nacionalismo ruteno contra Viena y Viena fomentaba el nacionalismo ucraniano contra Moscú, no entendemos nada.

Si los mapas de la Guerra de Crimea, el Hetmanato cosaco, la República de las dos naciones, la dominación polaca (Taras Bulba), no entendemos nada.

Es decir, los mapas, la historia, nos explica que Ucrania lleva muchos años siendo campo de batalla entre Rusia y Centroeuropa (Polonia, Austria o Alemania).

Quizá la historia no se repite, sino que sus periodos son más largos de lo que nos gustaría.

No es una revolución del XXI, sino un viejo conflicto étnico y suelen tener consecuencias nada felices, como la persecución de las minorías.

PD: En el mejor texto sobre la cuestión, Juliana decía: El mapa de Europa se está redefiniendo de nuevo y nadie puede prometer un final feliz.

3 comentarios sobre “Sin mapas, no entendemos nada”

  1. javier dijo:

    Dió la casualidad de que comencé a leer este libro que os recomiendo, a la par que comenzaron las protestas en kiev: Tierras de Sangre. Europa entre Hitler y Stalin. Timothy Snyder (Galaxia Gutenberg)

    Un excelente mapa, como bien dices, para entender.

    Saludos.

  2. javier dijo:

    Debo rectificar. A medida que he avanzado en la lectura el libro comenzó a oler a chamusquina. He estado informándome (cosa que debiera haber hecho antes de comprarlo, pero un vicio es un vicio…) y gran parte de los historiadores lo consideran un trabajo poco serio, tendencioso y plagado de errores considerables, cuando no malintencionados.

    Cierto es que ayuda a entender, y aporta datos al mapa, pero es más bien por lo que oculta o exagera que por lo que explica.

    Pido disculpas.
    Saludos.

  3. jorgedioni dijo:

    Gracias, Javier, por la recomendación y la advertencia.

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