El partido de fulano

“No se dan las condiciones objetivas para una gran coalición de izquierdas porque la social-democracia aún cree que está viva, aún cree que puede deshacer un camino en el que ha participado con fruición durante muchos años, y la alternativa, desde la nacionalización del sector energético a la denuncia del concordato, le produce pavor. Es otro idioma. Ahora, es tiempo de oportunismos y oportunistas” (febrero/2013).

En las pasadas elecciones italianas no había cuatro grandes formaciones, sino cuatro coaliciones de 23 partidos. Por ejemplo, el centrista Con Monti por Italia estaba formado por dos formaciones ya existentes, Unión de Centro (UdC), de Pier Ferdinando Casini, y Futuro y Libertad (FLI), de Gianfranco Fini, el ex líder del partido fascista MSI; el centro italiano se parece al centro español. A estas dos se unió el partido de Monti, Elección Cívica (SC), formado “sobre la base de Hacia la Tercera República (VTR), una agrupación centrista creada en noviembre de 2012 por la fusión de Italia Futura de Luca Cordero di Montezemolo y otras asociaciones como Hacia el Norte (VN), Unión por el Trentino, Reformadores Sardos o el Partido Liberal Italiano, junto con personalidades como Andrea Riccardi, Andrea Olivero o Luigi Marino”.

Las elecciones de 2013 son bastante diferentes de las de 1987. Por centrarlo, las del 92, las últimas con partidos, y las del 94, las primeras con coaliciones. En medio, el proceso Manos Limpias que destapó una Gürtel en formato superproducción. Las gente de orden suele decir que el problema estuvo en que la actuación judicial hizo que se conocieran unos hechos que provocaron un fuerte desencanto. Olvidan el origen del problema, la toma del estado por parte de la delincuencia organizada, y su conclusión, la marcha atrás del proceso. Se cerró, como sucederá aquí, con renovación generacional y benevolencia judicial.

El desencanto provocó, como está sucediendo en España, la aparición de oportunismos y oportunistas, gente conocida que aparece con la palabra renovación para ver si mete la cabeza. El panorama se llena de partidos de X, el partido de Rosa Díez, el partido de Ortega Lara o el partido de Pablo Iglesias. Quedan más, como Miguel Ángel Revilla y Elpidio José Silva. Es algo que no suele provocar ningún cambio, sino más desencanto porque las palabras son tan grandes que las expectativas siempre quedan insatisfechas.

En el campo de la izquierda, lo más desagradable no es la división del voto, sino que estas iniciativas dificultan la visión panorámica y enturbian el desarrollo de otras, como foros de pensamiento o movimientos sociales. Cualquier cambio solo será posible con la unión de tres factores: base intelectual, participación política y acción social. Estamos en ello, pero aún queda mucho. Antes que resultados electorales, es importante cambiar el lenguaje. Y eso no se consigue con un partido de tertulianos, sino con un partido de ideólogos.

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