La enorme suerte que sigue teniendo la gente de orden

El Gobierno dice que las protestas no se corresponden con la mejora de los índices económicos. Esa recuperación se ha basado en la devaluación social, en mandar a la miseria a un tercio de la población y a la precariedad, a otro tercio.

Es lógico que los resultados del Ibex mejoren porque las empresas pagan menos y a menos gente y también pagan menos a los suministradores, que también pagan menos y a menos gente. Algunos sectores, incluso, han recibido sustanciosas transferencias de renta. Pero también es lógico que esos dos tercios a los que se han mandado al cubo de la basura protesten porque acumulan una enorme tensión por la incertidumbre. No saber si te van a renovar, si vas a poder pagar el piso, si te van a cortar la luz, si vas a poder pagar las tasas, o verlo en un familiar, no provoca tranquilidad.

Al Gobierno le convendría asumir que las manifestaciones, violentas o no, son una de las maneras más civilizadas de canalizar esa tensión. Encauzar esa tensión hacia las urnas es mucho peor; para ellos, claro.

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