Un cierto nivel de miseria

AL final de La pelota vasca, Antoni Bastista dice que todas las sociedades son capaces de soportar un cierto nivel de violencia y que los gobiernos lo saben. Por eso, se deduce, no siempre los gobiernos buscan el fin del conflicto, sino que analizan pros y contras de la paz. Lo dijo en 2003, cuando ETA mató a tres personas, pero lo afirmó con la experiencia de haber conocido los años setenta y ochenta, donde los muertos se contaban por centenares. Se puede vivir con tres muertos a la semana, aunque ahora nos parezca imposible.

Sucede lo mismo con la precariedad, la pobreza o la miseria. La temporada 13-14, salvo acontecimientos inesperados, será la de la consolidación del nuevo sistema social basado en la precariedad y la miseria. Será la temporada donde la sociedad asuma los nuevos cambios: la pérdida de derechos laborales, la privatización de los servicios públicos, la desaparición del ascensor social y la exclusión socio-económica de un tercio de la población. Hemos pasado el 20%; tampoco queda tanto. Por ejemplo, algunos de los que destinaron la indemnización de su ERE a montar una empresa o abrir un negocio tendrán que cerrar.

Tras el golpe inicial, una sociedad es capaz de admitir la devaluación social y soportar un cierto nivel de miseria. Incluso, dejar que lo primero se consolide y el segundo se haga endémico. Que ambas cuestiones despierten un rechazo inicial no quiere decir que el cambio vaya a extender sus apoyos. La mayoría de la ciudadania solo ha pasado de la pasividad a la acción pasiva, la manifestación y ni siquiera ha llegado a la pasividad activa, la militancia, por los riesgos que conlleva.

La esperanza es de las primeras cosas que se pierden; el miedo está entre las últimas.

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