Milonguita Arriola

Mi amigo, y maestro, Xavi Canals siempre saltaba cuando alguien en la redacción, normalmente movido por la envidia, insultaba/insultábamos a un jefe ausente. “Si, es muy tonto, pero tú estás aquí metido y él está follando”. Muchas veces, Xavi recordaba una escena protagonizada por Juan Carlos Heredia, Milonguita. Tras un derby con el Espanyol en Sarrià, victoria culé, varios aficionados pericos rodearon el autobús del Barça y comenzaron a insultar a los jugadores. Milonguita echó mano a la bolsa de deporte y sacó su fajo con la prima. Quizá, avant la lettre, dijo algo así como “que la chupen, que la sigan chupando”.

Recuerdo esa escena siempre que alguien llama la atención sobre el entrañable Francisco Marhuenda, el deleznable Bieito Rubido o, por ejemplo, sobre Pedro Arriola, asesor de Rajoy. Hace dos semanas, en la víspera de la comparecencia por el caso Bárcenas, la prensa se lleno de críticas sobre sus recomendaciones y de sorpresa por sus emolumentos, A, B y C. “No vale no hacer nada”, se decía. “Hay que tomar la iniciativa”, se añadía. “Esa táctica ya no vale”, se sentenciaba.

Bien, Rajoy compareció y las críticas apenas duraron un día porque desapareció al estilo gato de Cheshire y enseguida llegó Gibraltar. Todo se ha llenado de comentarios, opiniones, recomendaciones, proyecciones y chistes. Todo el mundo sabe que es una cortina de humo, pero todo el mundo la aventa.

El caso Bárcenas volverá el próximo martes porque, el miércoles 14, Cospedal tiene que comparecer en el juzgado en calidad de testigo. Vamos a imaginarnos que no hubiera habido cortina de humo y que Rajoy, desentendiéndose de Arriola, hubiera hecho cosas estos días como mover el Gobierno o dar una rueda de prensa. Habrían sido dos semanas con el monotema Bárcenas, acompañado de ‘marido de Cospedal’, noticia que salió el fin de semana pasado.

La comparecencia de Cospedal del miércoles estaría ardiendo. Y no lo está. Milonguita Arriola, que seguro que no ha diseñado nada salvo la invisibilidad de Rajoy, nos mira a periodistas, blogueros y tuiteros con su fajo y, citando a los clásicos, susurra: “que la chupen, que la sigan chupando”.

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