Reabrir las heridas

En una historia inacabada, un personaje, un ex abertzale, decía esto:

«Entiendo perfectamente a los herederos del franquismo cuando dicen que no se deben reabrir las heridas. Después de tantos años, los familiares de las víctimas directas han asumido todo lo sucedido: pérdida física, exilio, robo de propiedades, desclasamiento, humillación, etc. La mente es dura y tiende a minimizar lo negativo. Los que no lo han hecho son los otros. A mí no se me olvidan las acciones en las que participé, los asesinatos que justifiqué con mis artículos o las ocasiones en las que ataqué a los que acababan de perder a un ser querido. La única herida que permanece, que se puede reabrir, es la de los asesinos y, en el caso de la guerra española, es comprensible que los herederos, directos o morales, de los represores se nieguen a mirar atrás. Muchos de ellos vivieron, o aún viven, en casas robadas a los derrotados o sus padres tuvieron, o tienen, trabajos robados. Su vida es una herida y no la quieren reabrir».

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