Leviatán en Islandia

“Ese gran Leviatán llamado Estado”, dice Hobbes. “Y Leviatán allí, el mayor animal, en lo profundo”, dice Milton. De todas las metáforas de Moby Dick, esta es la que el autor presenta desde el inicio. La ballena blanca, no como algo obsesivo o diabólico, ni en lo personal, ni en lo colectivo (el lado luciferino de la modernidad). Tampoco, como el motor del ensanchamiento de los mapas; los vascos fueron los mejores balleneros; pero, para que algo exista, hay que escribirlo y los ingleses lo hicieron.

El animal como el Estado, la Estructura o el Sistema, algo tan enorme y sólido como huidizo y deslizante. Vive en lo profundo, sale solo para respirar y su aprovechamiento es más comercial, aceite y esperma, que comestible. Para cazarlo, hay que recorrer el mar hostil en algo tan débil como un barco, un partido, o una chalupa, la dirección; ser certero en el ataque y, una vez arponeado, perseverar. Ajab, entonces, encarnaría al revolucionario, al hombre que dedica su vida a derribar el Estado, la Estructura o el Sistema para salvar a todo el mundo más allá de su obsesión personal. Ajab salió de caza en 2007.

Este verano se cumplen seis años del estallido de la crisis. Primero fue subprime; después, en 2008, pasó al sistema financiero anglosajón antes de trasladarse al centroeuropeo. En primavera de 2009 estuvo a punto de ser Austro-Húngara, pero la política la transformó ese otoño en periférica y, desde 2010, está instalada en el Mediterráneo.

Desde ese 2008, se han oído voces y teorías sobre el cambio. Primero, desde el mismo poder. Los gobiernos, atemorizados por la dimensión de la crisis financiera, dedicaron buena parte de ese año a reunirse y anunciar revoluciones. Nada volverá a ser como antes, dijeron. Se anunció la refundación del capitalismo. En Islandia, un movimiento ciudadano hizo caer al gobierno y se anunció un nuevo estado con una constitución de abajo a arriba. Ajab tenía al Leviatán a tiro.

Pero no sucedió nada. Una vez finalizada la zona de turbulencias, y tras lanzar algo de lastre, se recuperó la velocidad de crucero. El Leviatán volvió a escaparse. Incluso, en Islandia. La constitución de abajo a arriba no se llegó a hacer, el nuevo estado no se llegó a fundar y, finalmente, el partido que había hundido al país, recuperó el poder apoyado en los grupos de presión tradicionales; por ejemplo, los pescadores.

Cabe la sorpresa si lo miramos todo desde lejos. Los islandeses se movilizaron para impedir la mutualización de la deuda del sistema financiero, algo que podía provocar una profunda depresión económica, pero no tenían incentivos para ir a un cambio más profundo. Son una sociedad conservadora y no surgió ningún actor politico nuevo que cuestionara el orden existente. Un cambio generacional bastó.

El ejemplo es interesante para España, un lugar donde Ajab está de caza desde hace dos años, desde el 15 de marzo de 2011.

Deje un comentario