Élites extractivas / Gasto cautivo

Hoy leo:

El único capítulo en el que las familias desembolsaron más el año pasado fue la enseñanza (7,4%) y la salud (0,3%). Influyen las pérdidas de ayudas en libros de texto, el incremento de la factura farmacéutica o el encarecimiento de las matrículas universitarias.

Se ha disparado el presupuesto para la electricidad (254 euros más, una subida del 51%), alquileres (109 euros, 16%) o el transporte (31 euros de aumento, un 47%). En educación, los gastos universitarios aumentan en un 23% y la Formación Profesional de grado superior en un 36%.

Llaman la atención incrementos de gasto como los de tasas por documentos oficiales (un 60%) o la ITV (38%).

El gasto en metro, por ejemplo, ha subido un 31% en cinco años.

Sufrieron las principales caídas el vestido y calzado (10,2%), ocio, espectáculos y cultura (9,8%) y el equipamiento de hogar (9,3%).

La compra de automóviles se ha hundido en 671 euros por hogar en dicho periodo, casi un 60%, en el que constituye el mayor ahorro en valores absolutos y unos de los principales en términos relativos, seguido de las consumiciones en bares (247 euros menos, una bajada del 17%) o la ropa de mujer (224 euros menos, una reducción del 32%).

El presupuesto familiar medio ha adelgazado en 3.800 euros desde 2008.

La sociedad de consumo se basa, sé que me repito, en que haya grandes grupos de población con excedentes de renta para gastar periódicamente. La productividad es un concepto obsoleto; debería hablarse de la consuminidad.

Los excedentes se han logrado tradicionalmente por tres vías. La primera es la actualización de los salarios (y la seguridad laboral, familiar y generacional); la segunda, los impuestos redistributivos (servicios sociales incluidos); la tercera, el crédito (barato, fácil o reversible). Ninguna de las tres funciona bien hoy.

A esto hay que añadir el factor de priorización del gasto: hipoteca, impuestos y servicios básicos (agua, luz, gas y gasolina). Las empresas de estos sectores, que no son tejido productivo, sino extractivo, saben que tienen más margen con los precios porque es gasto cautivo. Además, funcionan como cartel.

Los precios y la renta se tendrán que ajustar, pero es complicado porque nadie tiene visión a largo plazo. La derecha (PP/CEOE/parte del PSOE, etc…) ha luchado mucho por este marco laboral, muy ideológico, pero poco práctico, y profundizará en la precariedad.

La devaluación (palabra que se pondrá de moda) será (ya está siendo) inevitable y, por esa priorización del gasto (hipoteca, impuestos y servicios básicos) se centrará en el tejido productivo. No solo habrá cierres del tiendas o empresas, sino que se cortarán redes de distribución y se atraerá un tipo de inversión determinado, el de países emergentes.

Mejorarán las cifras de exportación y de inversión, pero eso no es una buena noticia. Buena parte de esa inversión será para comprar empresas españolas sin mercado ni financiación. El centro de decisión se trasladará y, en unos años, vendrá la deslocalización.

Más que solo bajar los impuestos, necesitaríamos que las élites extractivas de gasto cautivo, sistemas político, financiero o energético, bajaran sus márgenes y aceptaran perder dinero para evitar la devaluación colectiva. Es improbable. Vamos camino del resort y la maquila.

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